
La revolución científica
Cuando el ser humano aprendió a interrogar a la naturaleza
Entre 1543 y 1687, de Copérnico a Newton, Europa reemplazó la autoridad de los antiguos por la observación, el experimento y las matemáticas. Así nació la ciencia moderna.
El cosmos de Aristóteles
Durante casi dos mil años, la visión del universo en Europa y el mundo islámico se basó en Aristóteles y en el astrónomo Ptolomeo (siglo II). La Tierra estaba inmóvil en el centro; la Luna, el Sol y los planetas giraban a su alrededor en esferas perfectas. El mundo terrestre, hecho de cuatro elementos, era imperfecto y cambiante; los cielos, eternos. El conocimiento se buscaba sobre todo en los textos de los antiguos y en la teología.
Copérnico mueve la Tierra
En 1543, el año de su muerte, el clérigo polaco Nicolás Copérnico publicó Sobre las revoluciones de las esferas celestes, donde proponía que el Sol, y no la Tierra, ocupaba el centro. El mismo año, el médico flamenco Andreas Vesalio publicó De humani corporis fabrica, un atlas anatómico basado en disecciones que corrigió cientos de errores del antiguo médico Galeno. Muchos historiadores toman 1543 como el inicio simbólico de la revolución.
El astrónomo danés Tycho Brahe reunió en su observatorio de Uraniborg las mediciones a simple vista más precisas de su época. Su asistente, Johannes Kepler, las usó para descubrir que los planetas no giran en círculos sino en elipses, y formuló sus tres leyes del movimiento planetario entre 1609 y 1619.
Galileo apunta al cielo
En 1609 Galileo Galilei construyó un telescopio y lo dirigió al firmamento. Vio montañas en la Luna, manchas en el Sol, las fases de Venus y cuatro lunas girando alrededor de Júpiter: pruebas de que no todo giraba en torno a la Tierra. Publicó sus hallazgos en 1610 en El mensajero sideral. Además estudió la caída de los cuerpos y demostró, con planos inclinados, que la aceleración era uniforme. Su defensa del heliocentrismo lo llevó ante la Inquisición: en 1633 fue condenado, obligado a abjurar y confinado en su villa de Arcetri hasta su muerte.
Dato curioso: la Iglesia católica reconoció formalmente en 1992, bajo el papa Juan Pablo II, que la condena de Galileo había sido un error.
Un nuevo método
El filósofo inglés Francis Bacon defendió la inducción a partir de observaciones y experimentos sistemáticos, y el francés René Descartes propuso reducir los problemas a razonamientos matemáticos claros. De esa combinación nació el método científico. William Harvey demostró en 1628 la circulación de la sangre; Robert Boyle estudió los gases; Robert Hooke y Antonie van Leeuwenhoek, con sus microscopios, revelaron las células y los microorganismos. Surgieron sociedades científicas como la Royal Society de Londres (1660) y la Academia de Ciencias de París (1666), con revistas donde los descubrimientos se publicaban y se discutían.
Newton une el cielo y la Tierra
La culminación llegó en 1687, cuando Isaac Newton publicó los Principia Mathematica. Con sus tres leyes del movimiento y la ley de gravitación universal, demostró que la misma fuerza que hace caer una manzana mantiene a la Luna en órbita y explica las elipses de Kepler. Por primera vez, un único conjunto de leyes matemáticas describía el cielo y la Tierra.
Legado
La revolución científica sentó las bases de la Ilustración, de la Revolución industrial y de toda la ciencia moderna. Sus ideas llegaron también a América: en el siglo XVIII, el jesuita Buenaventura Suárez, nacido en Santa Fe, construyó telescopios en la misión de San Cosme y Damián, en el actual Paraguay, y publicó observaciones astronómicas que circularon en Europa.
Galería
¿Qué descubrió Kepler sobre las órbitas planetarias?
Conexiones
Seguí el hilo
Isaac Newton
El hombre que unificó el cielo y la Tierra
Galileo Galilei
El hombre que apuntó un telescopio al cielo
El método científico
La herramienta más poderosa que inventó la humanidad
La gravedad
La fuerza más débil que gobierna el cosmos
Ley de gravitación universal
Dos masas cualesquiera se atraen con una fuerza proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia entre ellas.
El sistema solar
Nuestro vecindario cósmico de 4.600 millones de años
La Ilustración
Atrévete a saber
Aristóteles
El maestro de los que saben
La célula
El ladrillo de toda vida conocida
La imprenta de Gutenberg
Los tipos móviles que multiplicaron el saber
Pequeño teorema de Fermat
Si p es primo, elevar cualquier entero a la p deja el mismo resto que el número original al dividir entre p.
Renacimiento
Cuando Florencia volvió a mirar a los antiguos