
La imprenta de Gutenberg
Los tipos móviles que multiplicaron el saber
Hacia 1450, un orfebre de Maguncia combinó tipos metálicos, tinta al aceite y una prensa de tornillo. En medio siglo, Europa pasó de copiar libros a mano a imprimir millones.
Un mundo de copistas
Antes de mediados del siglo XV, cada libro europeo era una obra artesanal. Monjes en los scriptoria y copistas profesionales en las ciudades universitarias reproducían los textos letra por letra sobre pergamino o papel. Copiar una Biblia completa podía llevar meses o años, y un libro valía tanto como una pequeña propiedad. En Asia existían técnicas anteriores: en China se imprimía con bloques de madera desde al menos el siglo VII, Bi Sheng creó tipos móviles de cerámica hacia 1040, y en Corea se imprimió en 1377 el Jikji con tipos metálicos. Pero ninguna de esas técnicas tuvo la expansión explosiva que vendría en Europa.
El orfebre de Maguncia
Johannes Gensfleisch zur Laden zum Gutenberg nació hacia 1400 en Maguncia, en el Sacro Imperio Romano Germánico. Trabajó como orfebre y metalúrgico, y hacia 1440, en Estrasburgo, empezó a experimentar en secreto. Su genio no fue un único invento sino un sistema completo:
- un molde manual que permitía fundir rápidamente letras idénticas;
- una aleación de plomo, estaño y antimonio que fundía a baja temperatura y se endurecía rápido;
- una tinta a base de aceite que se adhería al metal;
- una prensa de tornillo adaptada de las prensas de vino y aceite de Renania.
Cada letra podía combinarse para formar páginas, imprimirse cientos de veces y luego desarmarse para componer otras.
La Biblia de 42 líneas
Con dinero prestado por el comerciante Johann Fust, Gutenberg imprimió hacia 1454–1455 su obra maestra: la Biblia de 42 líneas, llamada así por el número de renglones por columna. Se calcula que se hicieron unos 180 ejemplares, la mayoría en papel y unos pocos en vitela. Se conservan 49, total o parcialmente. Su calidad era tal que pocos podían distinguirla de un manuscrito iluminado.
El éxito no lo enriqueció. En 1455 Fust lo demandó por la deuda y se quedó con buena parte del taller. Gutenberg murió en 1468 en relativa oscuridad, aunque el arzobispo de Maguncia le había concedido una pensión.
Dato curioso: el humanista Eneas Silvio Piccolomini, futuro papa Pío II, vio pliegos de la Biblia en 1454 y escribió que se leían sin anteojos, de tan claros que eran.
Una explosión de libros
La técnica se difundió a toda velocidad. Hacia 1500 había imprentas en más de 250 ciudades europeas, y se calcula que se habían impreso unos 20 millones de ejemplares: los llamados incunables. Venecia, con Aldo Manucio, se convirtió en la capital editorial del mundo. Los libros se abarataron, los textos se estandarizaron y los errores dejaron de multiplicarse con cada copia.
Lo que cambió para siempre
La imprenta fue el motor de la Reforma protestante: las 95 tesis de Lutero (1517) circularon por Alemania en semanas, y su Biblia en alemán se vendió por decenas de miles. También aceleró el Renacimiento y la Revolución científica, porque permitió que astrónomos como Copérnico o Galileo publicaran tablas y diagramas idénticos para lectores de todo el continente. Fijó las lenguas nacionales y alimentó la alfabetización.
La primera imprenta de América funcionó en la Ciudad de México hacia 1539. En la región del Río de la Plata, los jesuitas de las misiones guaraníes construyeron su propia imprenta a comienzos del siglo XVIII, con tipos fabricados en las reducciones: allí se imprimieron libros en guaraní, como De la diferencia entre lo temporal y lo eterno (1705).
Galería
¿Cuál fue la verdadera innovación de Gutenberg?
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Cuando la palabra aprendió a sobrevivir al silencio
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Dos mil años bajo el Mandato del Cielo
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