
Los grandes emperadores
Cinco siglos de poder absoluto, de Augusto a Rómulo Augústulo
Hubo emperadores sabios, locos, soldados y filósofos. De Augusto en el 27 a. C. al último de Occidente en el 476, unos 70 hombres reconocidos ocuparon el trono más poderoso del mundo antiguo.
Un cargo sin nombre
Curiosamente, Roma nunca tuvo un título oficial de «emperador». El poder imperial era una suma de cargos: imperator (general victorioso, de donde viene la palabra), princeps (primer ciudadano), Caesar (el apellido de Julio César convertido en título), Augustus, pontifex maximus y la potestad tribunicia. El Senado los otorgaba formalmente, pero en la práctica quien controlaba el ejército, y sobre todo la guardia pretoriana, decidía. De los emperadores reconocidos de los siglos I al III, una gran parte murió asesinada.
Las primeras dinastías
Julio-Claudios (27 a. C. – 68 d. C.). Tras Augusto, Tiberio (14–37) gobernó con eficacia pero se retiró, amargado, a la isla de Capri. Calígula (37–41) fue asesinado por sus pretorianos a los 28 años, y su fama de loco viene de fuentes muy hostiles. Claudio (41–54), tartamudo y erudito, conquistó Britania en el 43. Nerón (54–68) se asoció para siempre con el gran incendio del 64 y la primera persecución de cristianos; acorralado, se suicidó diciendo, según Suetonio: «¡Qué artista muere conmigo!».
Flavios (69–96). Tras el año de los cuatro emperadores, Vespasiano, un general de origen modesto, restauró las finanzas e inició el Coliseo. Su hijo Tito lo inauguró en el 80 y afrontó la erupción del Vesubio. Domiciano fue un administrador eficaz y un autócrata temido, asesinado en el 96.
La edad de oro
Los Antoninos (96–192) dieron al imperio su mejor siglo:
- Trajano (98–117), nacido en Itálica (Hispania), fue el primer emperador provincial. Conquistó la Dacia y Mesopotamia y llevó el imperio a su máxima extensión. El Senado lo llamó optimus princeps, «el mejor príncipe».
- Adriano (117–138), también hispano, renunció a las conquistas de Oriente, fortificó las fronteras, recorrió casi todas las provincias y reconstruyó el Panteón.
- Antonino Pío (138–161) tuvo el reinado más pacífico de la historia romana.
- Marco Aurelio (161–180), el emperador filósofo, escribió las Meditaciones estoicas en griego mientras combatía en el Danubio.
Dato curioso: la palabra palacio viene del Palatino, la colina donde Augusto y sus sucesores construyeron sus residencias. La enorme Domus Flavia de Domiciano ocupaba buena parte de su cima.
Crisis y reinvención
Los Severos (193–235) llegaron tras un episodio vergonzoso: en el 193 los pretorianos asesinaron a Pértinax y subastaron el trono, que compró Didio Juliano. Septimio Severo, nacido en Leptis Magna (actual Libia), aconsejó a sus hijos: «Enriqueced a los soldados y despreciad a todos los demás». Su hijo Caracalla concedió en el 212 la ciudadanía a casi todos los hombres libres del imperio.
Entre el 235 y el 284 llegó la crisis del siglo III: en medio siglo hubo más de 20 emperadores reconocidos, casi todos generales asesinados por sus tropas. Valeriano fue capturado por el rey persa Sapor I en el 260, algo nunca visto. Aureliano (270–275) reunificó el imperio y rodeó Roma con una muralla de 19 km que todavía en buena parte se conserva.
Diocleciano (284–305) lo reorganizó todo: creó la tetrarquía (dos augustos y dos césares), duplicó las provincias y lanzó la última gran persecución de cristianos. Fue uno de los pocos que abdicó voluntariamente, para retirarse a su palacio de Split, en Croacia. Constantino (306–337) ganó la batalla del puente Milvio (312), legalizó el cristianismo con el edicto de Milán (313) y fundó Constantinopla en el 330. Teodosio I (379–395) hizo del cristianismo niceno la religión oficial (380) y fue el último en gobernar todo el imperio: a su muerte quedó dividido para siempre entre sus hijos Arcadio y Honorio.
El último
El último emperador de Occidente fue un adolescente, Rómulo Augústulo, depuesto en el 476 por el jefe germano Odoacro. Llevaba, por ironía, los nombres del fundador de Roma y del primer emperador. En Oriente, en cambio, la línea de emperadores romanos continuó otros mil años, hasta que Constantino XI murió defendiendo Constantinopla en 1453.
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