El Panteón de Agripa
La cúpula de hormigón que nadie ha podido superar en 1.900 años
Reconstruido por Adriano hacia el 125 d. C., el Panteón tiene una cúpula de 43,3 m con un agujero abierto al cielo. Sigue siendo la mayor cúpula de hormigón sin armar del mundo.
Una inscripción que engaña
Sobre el pórtico, letras de bronce proclaman: M·AGRIPPA·L·F·COS·TERTIVM·FECIT, «Marco Agripa, hijo de Lucio, cónsul por tercera vez, lo hizo». Pero el edificio que vemos no es el de Agripa. El amigo y general de Augusto construyó un primer Panteón entre el 27 y el 25 a. C. en el Campo de Marte, probablemente un templo rectangular. Ardió en el gran incendio del 80 d. C.; Domiciano lo restauró y volvió a quemarse, alcanzado por un rayo, hacia el 110 d. C.
El Panteón actual se construyó bajo Trajano y Adriano, aproximadamente entre el 113 y el 125 d. C., como indican los sellos de fecha de los ladrillos. Adriano, que según su biógrafo nunca ponía su nombre en los edificios que restauraba, mantuvo la inscripción original en homenaje a Agripa. El arquitecto es desconocido; algunos lo atribuyen a Apolodoro de Damasco, el ingeniero de Trajano, aunque no hay prueba.
Una esfera perfecta
El edificio combina un pórtico griego con columnas y una enorme rotonda cubierta por una cúpula. Su secreto es la geometría: el diámetro interior de la cúpula y la altura desde el suelo hasta el centro del óculo son iguales, unos 43,3 m. Es decir, dentro del Panteón cabría exactamente una esfera perfecta.
En la cima se abre el óculo, un agujero circular de unos 8,8 m de diámetro, la única fuente de luz natural. Por él entra un disco de sol que recorre las paredes a lo largo del día como un reloj, y también la lluvia: el suelo de mármol tiene una ligera pendiente y 22 pequeños desagües que todavía funcionan.
El pórtico tiene 16 columnas monolíticas de granito traídas desde las canteras de Egipto. Cada fuste mide unos 11,8 m de alto y pesa alrededor de 60 toneladas; fueron transportados por el Nilo, el Mediterráneo y el Tíber.
La ingeniería del hormigón
El gran logro técnico es la cúpula, hecha de hormigón romano (opus caementicium) sin ninguna armadura de acero. Los constructores resolvieron el problema del peso con tres recursos:
- Agregados graduados: en la base usaron piedras pesadas como travertino, más arriba toba y ladrillo, y en la parte superior piedra pómez, ligera y porosa.
- Espesor variable: la cúpula mide unos 6 m de grosor en la base y apenas alrededor de 1,2 m junto al óculo.
- Casetones: los 140 huecos cuadrados del interior, en 5 anillos de 28, aligeran la masa y crean el efecto visual de profundidad.
Los muros de la rotonda, de unos 6 m de espesor, esconden arcos de descarga de ladrillo que distribuyen las cargas. El hormigón romano, a base de cal y ceniza volcánica (pulvis puteolanus), resultó extraordinariamente duradero: estudios recientes muestran que incluso tiene una cierta capacidad de «autorreparar» pequeñas grietas.
Dato curioso: el Panteón sigue siendo, casi 1.900 años después, la mayor cúpula de hormigón no armado del mundo. Brunelleschi estudió sus ruinas antes de levantar la cúpula de la catedral de Florencia, y Miguel Ángel lo describió, según la tradición, como un diseño «angélico y no humano».
Por qué sobrevivió
Su nombre griego, Pantheon, significa «de todos los dioses», aunque no se sabe con certeza a qué divinidades estaba dedicado. Sobrevivió casi intacto por una decisión política: en el 609 d. C. el emperador bizantino Focas lo regaló al papa Bonifacio IV, que lo consagró como iglesia de Santa María de los Mártires. Desde entonces se celebra misa allí, lo que lo convierte en uno de los edificios antiguos en uso más continuo del mundo.
No escapó del todo al saqueo. En el siglo VII el emperador Constante II se llevó las tejas de bronce dorado del techo, y en 1625 el papa Urbano VIII, de la familia Barberini, hizo fundir las vigas de bronce del pórtico. Los romanos respondieron con una frase famosa: Quod non fecerunt barbari, fecerunt Barberini, «lo que no hicieron los bárbaros, lo hicieron los Barberini».
El Panteón es también tumba de personajes ilustres: el pintor Rafael, enterrado en 1520 a petición propia, y los primeros reyes de la Italia unificada, Víctor Manuel II y Humberto I. Hoy es uno de los monumentos más visitados de Roma.
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