Revolución francesa
El día en que el pueblo derribó al rey
Entre 1789 y 1799 Francia pasó de la monarquía absoluta a la república, decapitó a su rey y lanzó al mundo las ideas de libertad, igualdad y derechos del ciudadano.
Un reino en bancarrota
En la primavera de 1789, Francia era el país más poblado de Europa occidental, con unos 28 millones de habitantes, pero su tesoro estaba vacío. Las guerras, incluida la costosa ayuda a la independencia de Estados Unidos, habían disparado la deuda. La sociedad seguía dividida en tres estamentos: el clero, la nobleza y el Tercer Estado, que reunía a más del 95 % de la población y cargaba con casi todos los impuestos. Las malas cosechas de 1788 hicieron subir el precio del pan hasta devorar buena parte del salario de un trabajador parisino.
Para buscar dinero, Luis XVI convocó los Estados Generales, que no se reunían desde 1614. Se abrieron en Versalles el 5 de mayo de 1789. Los diputados del Tercer Estado exigieron votar por cabeza y no por estamento; al ser excluidos de su sala, se reunieron en un frontón y juraron no separarse hasta dar a Francia una constitución: el Juramento del Juego de Pelota (20 de junio).
La Bastilla y los derechos del hombre
El 14 de julio de 1789 una multitud parisina asaltó la Bastilla, fortaleza-prisión símbolo del poder real, en busca de pólvora. Adentro había apenas siete presos, pero el gesto fue enorme: la fecha es hoy la fiesta nacional francesa. En agosto, la Asamblea Nacional Constituyente abolió los privilegios feudales y aprobó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, cuyo primer artículo proclama que los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. En 1791 se aprobó una constitución que convertía a Francia en monarquía constitucional.
El rey nunca aceptó del todo el nuevo orden. En junio de 1791 intentó huir disfrazado y fue detenido en Varennes. La confianza se quebró. En 1792 Francia entró en guerra con Austria y Prusia, la monarquía fue abolida el 21 de septiembre y nació la Primera República.
El Terror
Luis XVI fue juzgado y guillotinado el 21 de enero de 1793; María Antonieta lo siguió en octubre. Asediada por ejércitos extranjeros y por la rebelión interna de la Vendée, la Convención entregó poderes extraordinarios al Comité de Salvación Pública, dominado por Maximilien Robespierre. Entre 1793 y 1794 se aplicó el Terror: unas 17 000 personas fueron ejecutadas tras juicios oficiales, y muchas más murieron en prisión o en represiones sin juicio. La revolución terminó devorando a sus propios hijos: Danton cayó en abril de 1794 y el propio Robespierre fue guillotinado el 28 de julio de ese año (9 de termidor en el calendario revolucionario).
Dato curioso: la Revolución creó su propio calendario, con meses como brumario o termidor, semanas de diez días y un año I que comenzaba en septiembre de 1792. Se usó hasta 1805.
Del Directorio a Napoleón
Tras el Terror gobernó el Directorio (1795–1799), un régimen moderado pero débil, sostenido cada vez más por el ejército. El 9 de noviembre de 1799 (18 de brumario), el general Napoleón Bonaparte dio un golpe de Estado y se convirtió en Primer Cónsul. Para muchos historiadores, ahí termina la Revolución.
Un legado mundial
La Revolución difundió el sistema métrico decimal, la idea de soberanía nacional, la separación entre Iglesia y Estado y los códigos legales modernos. Sus ideas cruzaron el Atlántico: inspiraron la revolución de Haití y, a través de la crisis que provocó Napoleón en España en 1808, abrieron el camino a las independencias latinoamericanas, incluida la de Paraguay en 1811. Las palabras libertad, igualdad, fraternidad siguen siendo el lema de la República francesa.
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¿Por qué Luis XVI convocó los Estados Generales en 1789?
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