
Revolución rusa
Diez días que estremecieron al mundo
En 1917, Rusia derribó al zar y, meses después, los bolcheviques de Lenin tomaron el poder. Así nació el primer Estado comunista, que marcaría todo el siglo XX.
Un imperio exhausto
A comienzos del siglo XX, el Imperio ruso era el país más extenso del mundo, gobernado por un monarca absoluto, el zar Nicolás II de la dinastía Románov. La mayoría de la población era campesina; la servidumbre había sido abolida apenas en 1861. En las ciudades crecía una clase obrera industrial que trabajaba en condiciones durísimas. En 1905, tras la derrota frente a Japón, estalló una primera revolución: el Domingo Sangriento (22 de enero) tropas dispararon contra obreros que marchaban pacíficamente hacia el Palacio de Invierno. El zar concedió un parlamento, la Duma, pero conservó casi todo su poder.
La Primera Guerra Mundial fue la ruina del régimen. Millones de soldados rusos murieron, fueron heridos o capturados; faltaban armas, alimentos y transporte. La influencia del místico Rasputín sobre la zarina desprestigió a la corte.
Febrero: cae el zar
En marzo de 1917 —febrero según el calendario juliano que Rusia aún usaba— huelgas y protestas por pan en Petrogrado se convirtieron en revolución cuando los soldados se negaron a disparar. Nicolás II abdicó el 15 de marzo. Trescientos años de dinastía Románov terminaron en días. El poder quedó repartido entre un Gobierno Provisional liberal, luego encabezado por Aleksandr Kérenski, y los sóviets, consejos de obreros y soldados.
Octubre: los bolcheviques
El Gobierno Provisional decidió seguir en la guerra, y perdió apoyo. Vladímir Lenin, líder de los bolcheviques, regresó del exilio en abril —Alemania facilitó su viaje en un tren desde Suiza— con un mensaje simple: paz, pan y tierra; todo el poder a los sóviets. La noche del 6 al 7 de noviembre de 1917 (24–25 de octubre juliano), guardias rojos dirigidos por León Trotski tomaron los puntos clave de Petrogrado y el Palacio de Invierno. El periodista estadounidense John Reed lo contó en su libro Diez días que estremecieron al mundo.
Dato curioso: la Revolución de Octubre ocurrió en noviembre. Rusia adoptó el calendario gregoriano recién en febrero de 1918, con una diferencia de 13 días.
Paz, guerra civil y terror
Los bolcheviques decretaron el reparto de tierras, nacionalizaron bancos e industrias y firmaron en marzo de 1918 el tratado de Brest-Litovsk, que entregaba a Alemania enormes territorios a cambio de la paz. Disolvieron la Asamblea Constituyente, en la que no tenían mayoría. Estalló una guerra civil (1917–1922) entre el Ejército Rojo, organizado por Trotski, y los ejércitos blancos, apoyados por potencias extranjeras. En julio de 1918, el zar, su esposa y sus cinco hijos fueron fusilados en Ekaterimburgo. La guerra, el hambre y las epidemias causaron varios millones de muertes. La policía política, la Checa, impuso el Terror Rojo.
La Unión Soviética
En diciembre de 1922 nació la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Tras la muerte de Lenin en 1924, Iósif Stalin se impuso, expulsó a Trotski —asesinado en México en 1940— y lanzó la colectivización forzosa y la industrialización acelerada, con millones de víctimas en hambrunas y en los campos del Gulag.
Impacto mundial
La revolución inspiró partidos comunistas en todo el mundo, incluida América Latina, y convirtió las ideas de Karl Marx en un proyecto de Estado. Tras 1945, la rivalidad entre la URSS y Estados Unidos definió la Guerra Fría, hasta la disolución soviética en 1991.
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