El pueblo guaraní

Los buscadores de la tierra sin mal

⏳ c. 2.000 años de historia regional – presentePrecolombina, colonial y contemporánea📍 Paraguay, noreste argentino, sur de Brasil y sudeste de Bolivia

Agricultores y navegantes de la selva subtropical, los guaraníes moldearon la historia, la lengua y la identidad del Paraguay, donde su idioma es oficial.

Origen y expansión

Los guaraníes pertenecen a la gran familia lingüística tupí-guaraní. Los arqueólogos sitúan sus raíces en la Amazonía, desde donde sus antepasados se expandieron hacia el sur siguiendo los grandes ríos —Paraná, Paraguay y Uruguay— hace unos dos mil años. A la llegada de los europeos ocupaban un vasto territorio que incluía el oriente del actual Paraguay, el noreste argentino, el sur de Brasil y el litoral del Atlántico. No formaban un Estado, sino numerosos grupos emparentados por la lengua y la cultura.

La vida en el tekoha

El espacio vital guaraní es el tekoha, el lugar donde es posible el teko, su modo de ser. Vivían en aldeas de grandes casas comunales, donde residían familias extensas bajo la autoridad de un jefe o mburuvicha y de líderes religiosos, los chamanes. Practicaban una agricultura de roza en el monte: cultivaban maíz, mandioca, batata, porotos, maní y zapallo, y completaban su dieta con caza, pesca y recolección. Eran expertos ceramistas: sus grandes urnas se usaban también para enterrar a los muertos.

Conocían a fondo las plantas medicinales y consumían la hoja de ka'a, la yerba mate, que los jesuitas cultivarían luego en plantaciones y que hoy es inseparable del mate y el tereré.

Dato curioso: Muchas palabras guaraníes pasaron al español y a otras lenguas: jaguar (de jaguarete), ananá, tapir, maracuyá, petunia y tucán tienen raíces guaraníes o tupíes.

La búsqueda de la tierra sin mal

La religión guaraní gira en torno a la palabra, ñe'ẽ, que es también alma. Su mitología incluye a Ñamandu, el padre primero, y una rica tradición de cantos sagrados. Un concepto central es Yvy Marane'ỹ, la tierra sin mal: una tierra de abundancia donde no existe la muerte. Cronistas coloniales y etnógrafos registraron grandes migraciones dirigidas por chamanes en busca de ese lugar.

Alianza, encomienda y reducciones

Cuando los españoles llegaron al río Paraguay, los carios, guaraníes de la región, sellaron con ellos una alianza. El 15 de agosto de 1537, Juan de Salazar de Espinosa fundó la casa fuerte de Asunción. Según las costumbres guaraníes, la alianza se reforzaba entregando mujeres como esposas, lo que convertía a los españoles en parientes, el llamado cuñadazgo. De esas uniones nació la población mestiza del Paraguay. Pero la relación se volvió pronto explotación mediante la encomienda, que obligaba a los indígenas a trabajar para los colonos.

Desde 1609, los jesuitas organizaron reducciones o misiones, como Trinidad y Jesús, hoy Patrimonio de la Humanidad. En su apogeo, hacia 1730, unos treinta pueblos reunían más de 100.000 guaraníes, con talleres, música barroca e imprenta. Las milicias guaraníes, armadas con permiso real, vencieron a los cazadores de esclavos paulistas, los bandeirantes, en Mbororé (1641). En 1767 Carlos III ordenó la expulsión de los jesuitas y las misiones decayeron.

Una lengua viva

Hoy existen diversos pueblos guaraníes, como los Mbya, Avá Guaraní, Pãi Tavyterã, Guaraní Ñandeva y Guaraní Occidental, que luchan por la tierra y por su cultura. Pero el legado más visible es la lengua: la Constitución del Paraguay de 1992 reconoce al guaraní como idioma oficial junto al castellano, y lo habla la mayoría de la población, indígena y no indígena. Es uno de los raros casos en América en que una lengua originaria es hablada por una mayoría nacional.

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¿Qué era el cuñadazgo en el Paraguay colonial?