
Mitología guaraní
Tupã, Tau, Kerana y los siete hijos malditos
De la palabra-alma de los mbya a los siete monstruos del folclore paraguayo, la mitología guaraní explica el origen del mundo, del lenguaje y de los miedos que aún se cuentan a la hora de la siesta.
Una mitología, muchas voces
Hablar de «mitología guaraní» exige precisión. Los pueblos guaraníes —mbya, ava guaraní, pãi tavyterã, aché guayakí y otros— conservan tradiciones religiosas propias, transmitidas oralmente durante siglos. A ellas se suma la mitología popular paraguaya, un conjunto de relatos mestizos en lengua guaraní, nacido de la mezcla de creencias indígenas con elementos traídos por los misioneros y colonos europeos. Son dos tradiciones distintas aunque emparentadas, y conviene no confundirlas.
La palabra que funda el mundo
Uno de los textos sagrados más bellos de América fue recogido por el etnógrafo León Cadogan entre los mbya del Guairá y publicado en 1959 como Ayvu Rapyta («el fundamento de la palabra»). Cuenta que Ñamandu Ru Ete, el Primer Padre, se creó a sí mismo en medio de las tinieblas originarias, mientras un colibrí lo alimentaba con el néctar de las flores. Antes de crear la tierra, hizo surgir el fundamento del lenguaje humano: para los mbya, el alma (ñe'ẽ) es una palabra divina que se encarna en cada niño. Luego creó a otros dioses, entre ellos Tupã, señor de las lluvias, el trueno y las aguas.
En esa tradición, Tupã no es el creador supremo. Fueron los misioneros jesuitas quienes, en los siglos XVI y XVII, eligieron su nombre para traducir al Dios cristiano en catecismos y oraciones. Por eso, en el guaraní de hoy, Tupã significa «Dios», y tupao, «iglesia». Otra idea central es la Yvy Marane'ỹ, la «tierra sin mal», un lugar sin muerte ni sufrimiento que impulsó, según el etnólogo Curt Nimuendajú, grandes migraciones de grupos guaraníes en busca de ella.
Tau y Kerana
La versión más difundida en Paraguay es la que reelaboró literariamente Narciso R. Colmán (Rosicrán) en Ñande Ypy Kuéra («Nuestros antepasados», 1929). Allí, Tupã desciende a la tierra junto a la diosa lunar Arasy, sobre un cerro de la zona de Areguá, y modela con arcilla a la primera pareja humana, Rupave y Sypave. Entre sus descendientes está Marangatú, padre de Kerana, una joven de belleza extraordinaria.
De ella se enamora Tau, el espíritu del mal, que toma la forma de un apuesto joven. El espíritu del bien, Angatupyry, lo enfrenta durante siete días, pero Tau vence y rapta a Kerana. De su unión nacen siete hijos, sobre los que cae la maldición de Arasy: todos serán monstruos.
Los siete monstruos
- Teju Jagua: un enorme lagarto con siete cabezas de perro y ojos de fuego; el primogénito, señor de las cavernas y protector de las frutas.
- Mbói Tu'i: una serpiente con cabeza de loro, guardiana de los esteros, los cursos de agua y los anfibios.
- Moñái: una serpiente con cuernos-antenas que hipnotiza a sus presas, reina de los campos abiertos y ladrón incorregible.
- Jasy Jatere: un niño pequeño, rubio y hermoso, con un bastón mágico, que atrae a los chicos que no duermen la siesta.
- Kurupi: señor de la sexualidad y la fertilidad, temido por su descomunal miembro, al que se culpaba de embarazos inexplicables.
- Ao Ao: una criatura parecida a una oveja o un pecarí gigante, devoradora de humanos; para salvarse de él había que trepar a una palmera pindo.
- Luisõ: el séptimo hijo, señor de la muerte y la noche, que ronda los cementerios; emparentado con el lobizón rioplatense.
Según Colmán, la valiente Porâsy se sacrificó para acabar con el Moñái, atrayéndolo a una trampa en la que murió junto con él.
Dato curioso: La creencia de que el séptimo hijo varón se convierte en luisõ (o lobizón) está tan extendida que en Argentina se la asocia con la tradición, iniciada en 1907, de que el presidente apadrine a los séptimos hijos varones.
Una tradición viva
Estos relatos no son piezas de museo. En el campo paraguayo se sigue advirtiendo a los niños sobre el Jasy Jatere a la hora de la siesta, el Pombero —un ser nocturno, no incluido entre los siete— recibe ofrendas de tabaco y caña, y leyendas como la de Ka'a Jarýi, la guardiana de la yerba mate, explican el origen de la bebida nacional. Y las comunidades indígenas mantienen una espiritualidad que sigue fundada en la palabra.
¿Por qué en el guaraní actual «Tupã» significa «Dios»?
Conexiones
Seguí el hilo
El pueblo guaraní
Los buscadores de la tierra sin mal
Cristianismo
De un pequeño grupo de discípulos en Galilea a la religión más extendida del planeta
Mitología griega
Dioses celosos, héroes trágicos y monstruos que aún habitan nuestro idioma
Mitología nórdica
Odín, Thor y el fin del mundo bajo el árbol Yggdrasil
El Acuífero Guaraní
El mar escondido bajo cuatro países
Cataratas del Iguazú
Agua grande en la triple frontera
El origen de la escritura
Cuando la palabra aprendió a sobrevivir al silencio
El Sol
Un reactor nuclear de 1,4 millones de kilómetros
La Luna
La compañera que nació de un choque