La penicilina

El moho que salvó millones de vidas

⏳ 1928–hoySiglo XX📍 Hospital St Mary's, Londres

Un plato de cultivo olvidado durante unas vacaciones de 1928 reveló el primer antibiótico. Tardó más de una década en convertirse en medicamento, justo a tiempo para la Segunda Guerra Mundial.

Un mundo sin antibióticos

A comienzos del siglo XX, un rasguño infectado, una neumonía o un parto podían ser mortales. Durante la Primera Guerra Mundial, las heridas gangrenadas mataron a soldados por miles. Desde que Louis Pasteur y Robert Koch demostraron en el siglo XIX que muchas enfermedades las causan bacterias, los científicos buscaban una "bala mágica" que las destruyera sin dañar al paciente. En 1910 Paul Ehrlich había logrado el Salvarsán contra la sífilis, pero era tóxico y específico.

Las vacaciones de Fleming

El bacteriólogo escocés Alexander Fleming trabajaba en el Hospital St Mary's de Londres. En agosto de 1928 se fue de vacaciones dejando apilados varios platos de cultivo con estafilococos. Al volver, el 3 de septiembre, notó que uno estaba contaminado por un moho verdoso, y que alrededor de él las bacterias habían desaparecido. El moho era Penicillium notatum, quizás llegado desde un laboratorio de micología del piso de abajo.

Fleming llamó penicilina a la sustancia y publicó sus resultados en 1929. Comprobó que mataba muchas bacterias patógenas y no era tóxica para los glóbulos blancos, pero no logró purificarla ni producirla en cantidad, y la investigación quedó casi abandonada.

Dato curioso: al recibir el Nobel, Fleming advirtió que el uso insuficiente de la penicilina podría volver resistentes a las bacterias; fue una de las primeras alertas sobre la resistencia a los antibióticos.

Oxford la convierte en remedio

En 1939, en la Universidad de Oxford, el patólogo australiano Howard Florey y el bioquímico alemán, refugiado del nazismo, Ernst Chain retomaron el trabajo. Con el ingenio de Norman Heatley, que fabricó equipos con bañeras, latas de leche y bacinillas hospitalarias, extrajeron cantidades mínimas. El 25 de mayo de 1940 inyectaron a ocho ratones con una dosis letal de estreptococos; los cuatro tratados sobrevivieron.

En febrero de 1941 trataron al primer paciente, el policía Albert Alexander, con una infección grave tras rasguñarse en un rosal. Mejoró notablemente, pero la penicilina se acabó —llegaron a recuperarla de su orina— y murió semanas después. Hacía falta producirla a escala industrial.

Fabricar un milagro

Con Gran Bretaña bajo las bombas, Florey y Heatley viajaron a Estados Unidos en 1941. En un laboratorio del Departamento de Agricultura en Peoria, Illinois, descubrieron que el moho crecía mejor en un caldo con licor de maíz, y en 1943 una cepa más productiva apareció en un melón mohoso comprado en un mercado local. La producción en tanques de fermentación se disparó:

  • En 1942 había penicilina para tratar a menos de un centenar de pacientes en Estados Unidos.
  • Para el Día D, en junio de 1944, había dosis suficientes para los heridos aliados del desembarco de Normandía.
  • En 1945 la producción estadounidense superaba los 6 billones de unidades al año.

Fleming, Florey y Chain compartieron el Nobel de Medicina de 1945. Ese mismo año Dorothy Hodgkin determinó con rayos X la estructura de la molécula, logro que contribuyó a su Nobel de Química de 1964.

La era antibiótica y su amenaza

La penicilina inauguró la era de los antibióticos: la estreptomicina contra la tuberculosis, en 1943, y luego decenas de familias más. Se estima que han salvado cientos de millones de vidas. Pero su uso excesivo en medicina y ganadería favoreció la evolución de bacterias resistentes, como el Staphylococcus aureus resistente a meticilina. La Organización Mundial de la Salud considera la resistencia antimicrobiana una de las mayores amenazas para la salud mundial, asociada directamente a más de un millón de muertes al año.

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¿Qué observó Fleming al volver de vacaciones en 1928?