Sistema digestivo
Un viaje de varios metros de la boca al intestino
Un tubo de varios metros transforma la comida en nutrientes con ácido, enzimas y billones de bacterias. Un disparo accidental en 1822 permitió verlo funcionar en directo.
El recorrido de un bocado
El sistema digestivo es, en esencia, un largo tubo que va de la boca al ano, acompañado por órganos que fabrican jugos digestivos. Su trabajo es descomponer los alimentos en moléculas lo bastante pequeñas como para pasar a la sangre.
- Boca: los dientes trituran y la saliva, de la que producimos entre medio litro y un litro y medio por día, empieza a digerir el almidón.
- Esófago: un tubo de unos 25 centímetros que empuja el bocado con ondas musculares llamadas peristalsis. Por eso se puede tragar incluso cabeza abajo.
- Estómago: una bolsa muscular con capacidad habitual de entre 1 y 1,5 litros. Su ácido clorhídrico, con un pH de entre 1,5 y 3,5, mata microbios y activa la pepsina, que corta proteínas.
- Intestino delgado: de unos 3 a 5 metros en una persona viva, es donde ocurre casi toda la absorción. El hígado aporta la bilis, que emulsiona las grasas, y el páncreas sus enzimas.
- Intestino grueso: de alrededor de 1,5 metros, absorbe agua y alberga la mayor parte de la microbiota.
Un estudio de 2014 calculó que la superficie interna total del tubo digestivo es de unos 32 metros cuadrados, gracias a pliegues, vellosidades y microvellosidades. Es mucho menos que la vieja comparación con una cancha de tenis, pero sigue siendo enorme.
La ventana de Alexis St. Martin
El 6 de junio de 1822, en un puesto de comercio de pieles en la isla Mackinac, Michigan, un disparo accidental de mosquete hirió en el abdomen al joven canadiense Alexis St. Martin. El médico militar William Beaumont lo salvó, pero la herida nunca cerró del todo: quedó una abertura permanente hacia el estómago. Durante años, Beaumont introdujo trozos de comida atados a un hilo, extrajo jugo gástrico y observó la digestión en directo. En 1833 publicó sus resultados: la digestión era un proceso químico, no una simple trituración. St. Martin vivió hasta 1880.
Dato curioso: en 1752, el francés René de Réaumur hizo tragar a su halcón pequeños tubos metálicos con carne y luego los recuperó: la carne estaba parcialmente disuelta. Fue una de las primeras pruebas de la digestión química.
Nervios, hormonas y bacterias
El ruso Iván Pávlov estudió en perros cómo el sistema nervioso controla las secreciones digestivas y ganó el Nobel en 1904. En 1902, en Londres, William Bayliss y Ernest Starling descubrieron la secretina, una sustancia que el intestino libera a la sangre para estimular el páncreas: fue la primera hormona identificada, y Starling acuñó luego esa palabra.
El intestino tiene su propia red nerviosa, el sistema nervioso entérico, con cientos de millones de neuronas, tantas que a veces se lo llama el «segundo cerebro». Y en el colon viven billones de bacterias que fermentan la fibra y producen vitaminas.
La bacteria que rompió el dogma
Durante décadas se creyó que las úlceras de estómago se debían al estrés y al ácido. En 1982, los australianos Barry Marshall y Robin Warren identificaron como causa principal una bacteria, Helicobacter pylori. Como nadie les creía, en 1984 Marshall bebió un cultivo de la bacteria y desarrolló gastritis. Las úlceras pasaron a curarse con antibióticos, y ambos ganaron el Nobel en 2005.
Galería
¿Qué permitió a Beaumont estudiar la digestión en directo?
Conexiones
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Bacterias
Los primeros habitantes de la Tierra
Los dientes
El esmalte, la sustancia más dura del cuerpo
Sistema nervioso
La red eléctrica del cuerpo
Los músculos
Más de 600 motores que mueven cada gesto
La sangre
El río rojo que recorre el cuerpo
La célula
El ladrillo de toda vida conocida
La penicilina
El moho que salvó millones de vidas