Winston Churchill
La voz que se negó a rendirse
Soldado, periodista, escritor y político de carrera accidentada, Churchill encabezó al Reino Unido cuando estaba solo frente a Hitler y movilizó a su país con palabras. También dejó un legado imperial muy discutido.
Un aristócrata en busca de guerras
Winston Leonard Spencer Churchill nació el 30 de noviembre de 1874 en el palacio de Blenheim, residencia de su abuelo, el duque de Marlborough. Su padre, Lord Randolph, era un político conservador brillante y distante; su madre, Jennie Jerome, una estadounidense de Nueva York. Fue un mal alumno, pero ingresó en la academia militar de Sandhurst y buscó acción en todos los frentes que pudo: Cuba, la frontera noroeste de la India y Sudán, donde participó en la carga de caballería de Omdurmán en 1898.
Como corresponsal en la guerra de los bóeres fue capturado en 1899 y se fugó de un campo de prisioneros en Pretoria. La hazaña lo convirtió en celebridad y le abrió el camino al Parlamento en 1900.
Altibajos de una carrera
Cambió del Partido Conservador al Liberal en 1904 y volvió al conservador veinte años después. Como Primer Lord del Almirantazgo modernizó la flota, pero impulsó la desastrosa campaña de Galípoli (1915), que lo obligó a dimitir; durante un tiempo sirvió como oficial en las trincheras del frente occidental. Como ministro de Hacienda devolvió la libra al patrón oro en 1925, una decisión que él mismo consideró luego un error.
En la década de 1930, apartado del gobierno, advirtió una y otra vez sobre el rearme alemán mientras se oponía también a la autonomía de la India. Muchos lo consideraban un político acabado.
«Nunca nos rendiremos»
El 10 de mayo de 1940, el mismo día en que Alemania invadía Francia y los Países Bajos, Churchill se convirtió en primer ministro. En pocas semanas pronunció discursos que siguen estudiándose: la promesa de «sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor», el «lucharemos en las playas» tras la evacuación de Dunkerque y el homenaje a los pilotos de la batalla de Inglaterra. Rechazó negociar con Hitler cuando parte de su gabinete lo consideraba.
Forjó la alianza con Franklin D. Roosevelt y, tras la invasión alemana de la URSS, con Stalin. Participó en las conferencias de Teherán, Yalta y Potsdam, donde se dibujó el mundo de posguerra.
Dato curioso: Churchill recibió en 1953 el Premio Nobel de Literatura, no el de la Paz, por sus obras históricas y su oratoria.
Derrota, telón de acero y legado
En julio de 1945, con la guerra en Europa ya ganada, los británicos lo derrotaron en las urnas y eligieron al laborista Clement Attlee. En 1946, en Fulton, Misuri, anunció que un «telón de acero» había caído sobre Europa, imagen fundacional de la Guerra Fría. Volvió a ser primer ministro entre 1951 y 1955.
Murió el 24 de enero de 1965 y recibió funerales de Estado. Su figura es también objeto de crítica: su defensa del imperio, sus opiniones raciales y la gestión de la hambruna de Bengala de 1943, en la que murieron alrededor de tres millones de personas, son debatidas por historiadores que discuten el grado de su responsabilidad.
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