
Primera Guerra Mundial
La Gran Guerra que enterró al siglo XIX
Entre 1914 y 1918, las potencias industriales se enfrentaron en trincheras de barro y alambre. Murieron millones y cayeron cuatro imperios.
Dos disparos en Sarajevo
El 28 de junio de 1914, el estudiante bosnio serbio Gavrilo Princip disparó contra el archiduque Francisco Fernando, heredero del trono austrohúngaro, y su esposa Sofía en Sarajevo. El atentado activó una red de alianzas que Europa había tejido durante décadas: Austria-Hungría declaró la guerra a Serbia el 28 de julio; Rusia movilizó en defensa de Serbia; Alemania declaró la guerra a Rusia y a Francia, e invadió Bélgica, lo que arrastró al Reino Unido. En pocas semanas se enfrentaban las Potencias Centrales (Alemania, Austria-Hungría, luego el Imperio otomano y Bulgaria) contra la Entente (Francia, Rusia, Reino Unido, más tarde Italia, Estados Unidos y otros).
Detrás del magnicidio había causas profundas: la carrera naval anglo-alemana, el nacionalismo en los Balcanes, la rivalidad colonial y planes militares rígidos como el Plan Schlieffen, que preveía derrotar a Francia en seis semanas.
La guerra de trincheras
El plan fracasó en la batalla del Marne (septiembre de 1914) y el Frente Occidental se congeló en una línea de trincheras desde el canal de la Mancha hasta Suiza. Ametralladoras, artillería y alambre de púa daban ventaja aplastante a la defensa. En Verdún (febrero–diciembre de 1916) Francia y Alemania sufrieron en conjunto alrededor de 700.000 bajas entre muertos, heridos y desaparecidos. El primer día de la batalla del Somme, el 1 de julio de 1916, el ejército británico tuvo 57.470 bajas, de ellas unos 19.240 muertos: el día más sangriento de su historia.
La guerra fue un laboratorio de muerte industrial. El 22 de abril de 1915, en Ypres, Alemania liberó nubes de cloro; después llegaron el fosgeno y el gas mostaza. Aparecieron los tanques (Flers-Courcelette, 1916), los submarinos y los primeros combates aéreos.
Un conflicto realmente mundial
Se combatió en Galípoli, Mesopotamia, Palestina, los Alpes italianos y las colonias africanas. La guerra submarina alemana, con el hundimiento del Lusitania en 1915 y el telegrama Zimmermann, empujó a Estados Unidos a declarar la guerra el 6 de abril de 1917. Ese mismo año la Revolución rusa sacó a Rusia del conflicto, que firmó la paz de Brest-Litovsk el 3 de marzo de 1918.
La ofensiva alemana de primavera de 1918 fue la última apuesta. Con tropas estadounidenses llegando por cientos de miles y el bloqueo naval asfixiando a su población, Alemania pidió el armisticio, firmado en un vagón de tren en Compiègne a las 11 de la mañana del 11 de noviembre de 1918.
Dato curioso: En la Navidad de 1914, en varios sectores del frente, soldados británicos y alemanes salieron de las trincheras, intercambiaron cigarrillos y cantaron villancicos. Es la célebre Tregua de Navidad.
Un mundo nuevo y frágil
Murieron cerca de 9 a 10 millones de soldados y varios millones de civiles. Desaparecieron cuatro imperios: el alemán, el austrohúngaro, el ruso y el otomano. El Tratado de Versalles (28 de junio de 1919) impuso a Alemania la cláusula de culpabilidad y fuertes reparaciones, y nació la Sociedad de Naciones. Las humillaciones, las fronteras redibujadas y la crisis económica sembraron la semilla del siguiente conflicto, apenas veinte años después.
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