
Budismo
El camino de un príncipe que renunció a todo para entender el sufrimiento
Hace unos 2.500 años, un hombre llamado Siddhartha Gautama se sentó bajo un árbol en el norte de la India y, según la tradición, despertó. Hoy cientos de millones siguen su enseñanza.
El príncipe y las cuatro visiones
Según la tradición budista, Siddhartha Gautama nació en Lumbini, en el actual Nepal, hijo de un gobernante del clan de los Shakya. Las fechas exactas se discuten: muchos historiadores sitúan su vida en el siglo V a. C., aunque la cronología tradicional la adelanta al siglo VI. Su padre quiso apartarlo de todo dolor y lo crió entre lujos dentro del palacio.
Los relatos cuentan que, al salir a escondidas, el joven vio cuatro escenas que cambiaron su vida: un anciano, un enfermo, un cadáver y un asceta errante que había renunciado al mundo. Descubrió así que la vejez, la enfermedad y la muerte alcanzan a todos. A los 29 años abandonó el palacio, a su esposa y a su hijo, y se dedicó durante años a la meditación y a ayunos extremos.
El despertar
Comprendió que ni el placer ni la mortificación conducían a la liberación, y eligió un camino medio. Sentado bajo una higuera en Bodh Gaya, prometió no levantarse hasta alcanzar la verdad. Según la tradición, tras una noche de meditación alcanzó el despertar (bodhi) y se convirtió en el Buda, «el despierto». Aquel árbol, conocido como árbol Bodhi, tiene hoy un descendiente venerado en el mismo lugar, que es Patrimonio de la Humanidad.
Predicó su primer sermón en el parque de los ciervos de Sarnath, cerca de Benarés, y enseñó durante unos cuarenta y cinco años. Murió a los ochenta en Kushinagar; para los budistas, entró en el parinirvana, la liberación final.
Lo que enseñó
El núcleo de su enseñanza son las Cuatro Nobles Verdades:
- La vida implica sufrimiento o insatisfacción (dukkha).
- El sufrimiento tiene una causa: el deseo y el apego.
- Puede cesar: ese cese es el nirvana.
- Hay un camino para lograrlo: el Noble Óctuple Sendero, que incluye la recta comprensión, intención, palabra, acción, modo de vida, esfuerzo, atención y concentración.
El budismo comparte con otras tradiciones indias las ideas de karma y de renacimiento (samsara), pero enseña que no existe un yo permanente e inmutable (anatta) y que todo es impermanente. No gira en torno a un dios creador, por lo que algunos lo describen como una filosofía de vida además de una religión.
Dato curioso: El emperador indio Ashoka, horrorizado por la matanza de su conquista de Kalinga en el siglo III a. C., abrazó el budismo y mandó grabar en columnas y rocas edictos sobre la compasión y la tolerancia. Varios de ellos aún pueden leerse.
Tres grandes caminos
Con los siglos el budismo se dividió en grandes tradiciones. El Theravada, «la doctrina de los antiguos», predomina en Sri Lanka, Tailandia, Myanmar, Camboya y Laos. El Mahayana, «el gran vehículo», que destaca la figura del bodhisattva, que pospone su propia liberación para ayudar a los demás, se extendió por China, Corea, Japón y Vietnam, y dio origen a escuelas como el zen. El Vajrayana, con rituales y prácticas meditativas propias, floreció en el Tíbet y Mongolia; su figura más conocida es el Dalái Lama.
Viajando por la Ruta de la Seda, los monjes llevaron textos, templos y estatuas a toda Asia. Curiosamente, el budismo casi desapareció de la India, su tierra natal, hacia el siglo XIII. Hoy cuenta con alrededor de 500 millones de seguidores, cerca del 7 % de la humanidad, y prácticas surgidas de él, como la meditación de atención plena, se han difundido mucho más allá de sus fronteras religiosas.
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