La Gran Depresión
El crack que hundió al mundo
En octubre de 1929 se derrumbó la Bolsa de Nueva York. Siguió la peor crisis económica del siglo XX: bancos quebrados, millones de desempleados y una ola de gobiernos autoritarios.
Los locos años veinte
Tras la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos vivió una década de euforia. La producción industrial crecía, los automóviles Ford y las radios se volvían bienes de consumo masivo, y millones de personas compraban acciones, muchas veces con dinero prestado: se podía comprar un título pagando apenas una fracción y debiendo el resto al corredor. El índice Dow Jones se multiplicó por cinco entre 1921 y su pico del 3 de septiembre de 1929, cuando alcanzó 381 puntos. Muchos creían que la prosperidad era permanente.
El crack
El 24 de octubre de 1929, el Jueves Negro, la Bolsa de Nueva York sufrió una avalancha de ventas. Un grupo de banqueros intentó sostener los precios, pero el Martes Negro, 29 de octubre, se negociaron más de 16 millones de acciones y el pánico fue total. Para julio de 1932, el Dow Jones había tocado fondo en 41 puntos: había perdido cerca del 89 % de su valor máximo, y no recuperaría ese nivel hasta 1954.
De la Bolsa a toda la economía
El crack fue el detonante, no la única causa. Los bancos, que habían prestado para especular, empezaron a quebrar; entre 1930 y 1933 cerraron unos 9000 bancos estadounidenses y los ahorristas perdieron sus depósitos. La Reserva Federal no actuó para frenar la contracción del dinero. Las empresas despidieron trabajadores, el consumo se desplomó y los precios cayeron. En 1933 el desempleo alcanzó cerca del 25 % de la fuerza laboral. Familias enteras vivían en campamentos de chabolas llamados Hoovervilles, en burla al presidente Herbert Hoover.
A eso se sumó el Dust Bowl: sequías y tormentas de polvo arrasaron las Grandes Llanuras y empujaron a cientos de miles de campesinos hacia California, una odisea retratada por John Steinbeck en Las uvas de la ira (1939) y por la fotógrafa Dorothea Lange.
Dato curioso: el arancel Smoot-Hawley de 1930 elevó los impuestos a miles de productos importados. Otros países respondieron con sus propias barreras, y el comercio mundial se contrajo en torno a dos tercios entre 1929 y 1934.
El New Deal
En 1933 asumió Franklin D. Roosevelt con la promesa de un nuevo trato. Su New Deal cerró temporalmente los bancos para sanearlos, creó el seguro federal de depósitos, financió enormes obras públicas como la Autoridad del Valle del Tennessee, empleó a millones de jóvenes en programas como el Civilian Conservation Corps y en 1935 creó la Seguridad Social. El economista británico John Maynard Keynes publicó en 1936 su Teoría general, que justificaba el gasto público para combatir el desempleo.
Un mundo en crisis
La depresión se exportó. Alemania, dependiente de créditos estadounidenses, llegó a tener unos 6 millones de desempleados en 1932; ese clima ayudó al ascenso de Adolf Hitler al poder en 1933. En América Latina, el desplome de los precios de materias primas como el café, el azúcar, la carne o el estaño golpeó las exportaciones y desató una ola de golpes de Estado en 1930, en Argentina, Brasil y otros países. Muchos gobiernos latinoamericanos adoptaron la industrialización por sustitución de importaciones. En el Paraguay, la crisis coincidió con la escalada de tensiones con Bolivia que desembocó en la Guerra del Chaco (1932–1935).
La recuperación plena llegó con el rearme y la Segunda Guerra Mundial. La Gran Depresión dejó lecciones que aún guían a los bancos centrales: ante el pánico, actuar rápido para que el crédito no se congele.
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