
Las legiones romanas
La máquina militar que conquistó el mundo conocido
Unos 5.000 soldados profesionales, entrenados como relojes, capaces de marchar 30 km y construir un campamento fortificado cada noche. Las legiones fueron el arma decisiva de Roma durante siete siglos.
De milicia ciudadana a ejército profesional
En sus orígenes la legión (legio, «leva», «reclutamiento») era el pueblo en armas: ciudadanos con propiedades que se costeaban su equipo y combatían en una formación de falange al estilo griego. Durante las guerras contra los samnitas, en el siglo IV a. C., los romanos adoptaron un sistema más flexible: el manipular, con tres líneas escalonadas (hastati, principes y triarii) que podían relevarse en combate. De ahí un dicho romano: res ad triarios rediit, «el asunto llegó a los triarios», para decir que la situación era desesperada.
El gran cambio llegó con Cayo Mario hacia el 107 a. C.: abrió el reclutamiento a los ciudadanos sin propiedades, a quienes el Estado equipaba, y estandarizó la legión en 10 cohortes de unos 480 hombres, cada una con 6 centurias de 80 soldados. Desde el siglo I d. C. la primera cohorte fue doble. Una legión imperial sumaba así unos 5.000–5.500 legionarios, más unos 120 jinetes exploradores. Mario también hizo que cada soldado cargara su propio equipo, unos 30 kg, lo que les ganó el apodo de «mulas de Mario».
La organización
Cada legión tenía número y nombre, como la Legio X Gemina o la Legio II Augusta, y la mandaba un legado de rango senatorial asistido por seis tribunos. Pero su columna vertebral eran los 59–60 centuriones, oficiales de carrera; el más veterano, el primus pilus, podía ascender al orden ecuestre. El símbolo sagrado era el águila (aquila) de plata u oro, llevada por el aquilifer: perderla era la mayor deshonra posible.
Bajo Augusto, el servicio legionario duraba 20 años (más 5 como reserva), luego se fijó en 25. Al licenciarse, el veterano recibía tierras o una suma de dinero. Junto a las legiones, formadas solo por ciudadanos, servían los auxiliares (auxilia), provinciales que aportaban caballería, arqueros y honderos, y que tras 25 años obtenían la ciudadanía romana. En la época de Augusto el ejército tenía unos 25–28 legiones, alrededor de 150.000 legionarios y otros tantos auxiliares; con Septimio Severo llegó a 33 legiones.
Armas y táctica
- Pilum: jabalina pesada de unos 2 m con una punta de hierro fina que se doblaba al impactar, inutilizando el escudo enemigo.
- Gladius hispaniensis: espada corta de doble filo adoptada de los celtíberos, ideal para estocadas en la lucha cuerpo a cuerpo.
- Scutum: escudo rectangular curvo de madera y cuero, de más de 1 m de alto.
- Lorica segmentata: armadura de láminas de hierro, característica de los siglos I y II d. C.
La táctica básica era lanzar los pila a corta distancia y cargar escudo contra escudo. Para los asedios usaban la testudo («tortuga»), cubriéndose con los escudos por arriba y por los costados, y una artillería de ballestas y catapultas.
Dato curioso: según el escritor militar Vegecio, los reclutas debían marchar 20 millas romanas (unos 30 km) en cinco horas de verano a paso normal, y 24 millas a paso rápido, cargando su equipo. Al final de cada jornada en campaña levantaban un campamento fortificado con foso y empalizada.
Ingenieros con espada
Las legiones no solo combatían: construían. Abrieron calzadas, tendieron puentes, como el de Julio César sobre el Rin en solo 10 días (55 a. C.), y levantaron el Muro de Adriano. Sus fortalezas permanentes se convirtieron en ciudades: León (España) debe su nombre a la Legio VII Gemina, y Caerleon, en Gales, fue la base de la Legio II Augusta durante unos dos siglos, con su anfiteatro y sus termas aún visibles.
La gran derrota
La peor catástrofe ocurrió en el 9 d. C. en el bosque de Teutoburgo, en Germania: el caudillo querusco Arminio emboscó a tres legiones (XVII, XVIII y XIX) al mando de Publio Quintilio Varo, y unos 15.000–20.000 soldados murieron. Suetonio cuenta que Augusto se golpeaba la cabeza contra la puerta gritando: «¡Quintilio Varo, devuélveme mis legiones!». Esos números nunca volvieron a usarse.
Galería
¿Para qué servía que la punta del pilum se doblara al impactar?
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