Los acueductos romanos

Ríos artificiales que caían apenas centímetros por kilómetro

⏳ 312 a. C. – 226 d. C. (en Roma)República e Imperio📍 Parque de los Acueductos, Roma

Once acueductos llevaban a Roma un caudal colosal de agua desde manantiales lejanos. Con pendientes milimétricas y puentes como el Pont du Gard, fueron la gran obra de ingeniería del imperio.

Agua por gravedad

Roma creció mucho más de lo que podían abastecer el Tíber, sus pozos y sus fuentes. La solución fue traer agua de manantiales situados a decenas de kilómetros, usando una sola fuerza: la gravedad. Un acueducto romano era, en esencia, un canal (specus) cubierto, de mampostería impermeabilizada con un mortero de cal y cerámica molida (opus signinum), que descendía con una pendiente constante y suavísima desde la fuente hasta la ciudad.

Contra la imagen popular, la mayor parte de cada acueducto corría bajo tierra, siguiendo las curvas de nivel. Las grandes arcadas se usaban solo para cruzar valles o para mantener la altura en la llanura antes de llegar a la ciudad.

Los once acueductos de Roma

Entre el 312 a. C. y el 226 d. C., Roma construyó once acueductos principales:

  • Aqua Appia (312 a. C.): obra del mismo Apio Claudio de la Vía Apia; unos 16 km, casi toda subterránea.
  • Anio Vetus (272 a. C.): pagado con el botín de la guerra contra Pirro.
  • Aqua Marcia (144–140 a. C.): unos 91 km, famosa por la calidad y frescura de su agua.
  • Aqua Virgo (19 a. C.): construida por Agripa; todavía alimenta la Fontana di Trevi.
  • Aqua Claudia y Anio Novus: iniciados por Calígula en el 38 d. C. y terminados por Claudio en el 52 d. C.; sus arcos, de hasta 28 m de altura, dominan hoy el Parque de los Acueductos.
  • Aqua Traiana (109 d. C.) y Aqua Alexandrina (226 d. C.), la última.

Juntos aportaban un caudal que los estudios modernos estiman, con mucha discusión, entre 500.000 y 1.000.000 de m³ diarios, para una ciudad de cerca de un millón de habitantes.

La precisión de los ingenieros

El gran reto era la pendiente. Demasiado empinada, el agua erosionaba el canal; demasiado plana, se estancaba. Con instrumentos simples como el chorobates, una mesa de nivel de unos 6 m descrita por Vitruvio, los ingenieros lograron gradientes asombrosos. El acueducto de Nimes, en la Galia, desciende apenas unos 12,6 m en unos 50 km de recorrido: menos de 25 cm por kilómetro.

Su pieza más famosa es el Pont du Gard, construido a mediados del siglo I d. C. sobre el río Gardon: tres niveles de arcos superpuestos y unos 49 m de altura, el puente-acueducto romano más alto que se conserva. El acueducto de Segovia, en España, levantado hacia fines del siglo I o comienzos del II, tiene unos 28 m de altura máxima y alrededor de 167 arcos de bloques de granito encajados sin argamasa; llevó agua a la ciudad hasta el siglo XX.

Dato curioso: las cañerías de distribución eran de plomo, en latín plumbum. De ahí vienen palabras como plomero en español y plumber en inglés. Los tubos llevaban grabado el nombre del propietario o del emperador.

El agua en la ciudad

Al llegar, el agua pasaba por piletas de decantación y luego por un castellum divisorium, un depósito que la repartía entre tres destinos: las fuentes públicas, gratuitas y abiertas día y noche; las termas; y las casas particulares que pagaban una concesión. El excedente limpiaba las cloacas sin cesar. Agripa, como edil en el 33 a. C., hizo construir, según Plinio, cientos de fuentes y estanques.

En el 97 d. C. el senador Sexto Julio Frontino fue nombrado curator aquarum, responsable de las aguas, y escribió el tratado De aquaeductibus. En él denunció fraudes, como tuberías clandestinas y fontaneros sobornados, y comparó con orgullo: «Con tantas y tan necesarias estructuras compara, si quieres, las ociosas pirámides o las inútiles obras de los griegos, famosas pero sin uso».

El fin y el regreso

Durante el asedio de Roma en el 537, los ostrogodos de Vitiges cortaron los acueductos. Muchos nunca se repararon, y la población medieval se concentró junto al Tíber. Fue recién en el Renacimiento cuando los papas restauraron algunos: el Aqua Virgo como Acqua Vergine en el siglo XV, y las nuevas Acqua Felice y Acqua Paola que alimentan las fuentes barrocas de la ciudad. Muchas de las fuentes que hoy refrescan a los turistas siguen usando, parcialmente, rutas trazadas hace dos mil años.

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¿Por dónde corría la mayor parte de un acueducto romano?