Las calzadas romanas
Todos los caminos llevaban a Roma, literalmente
Unos 80.000 km de vías empedradas unían el imperio desde Escocia hasta Egipto. Construidas en capas por las legiones, muchas siguen debajo de las rutas actuales de Europa.
La reina de las vías
En el 312 a. C. el censor Apio Claudio Ceco («el Ciego») ordenó construir un camino recto desde Roma hasta Capua, unos 195 km al sureste, para mover tropas rápidamente en la guerra contra los samnitas. Fue la Vía Apia, la primera gran calzada romana. Más tarde se extendió hasta Brundisium (Brindisi), en el talón de Italia, el puerto hacia Grecia y Oriente: unos 540 km en total. El poeta Estacio la llamó regina viarum, «la reina de las vías».
Las calzadas recibían el nombre de su constructor: la Vía Flaminia (220 a. C.) hacia el Adriático, la Vía Aurelia por la costa tirrena, la Vía Emilia en el valle del Po, que dio nombre a la región de Emilia-Romaña. Desde Roma partían unas 29 vías principales.
Una red continental
En su apogeo, el imperio tenía unos 80.000 km de calzadas pavimentadas y varios cientos de miles de kilómetros de caminos secundarios de grava o tierra. Algunas eran enormes obras internacionales:
- Vía Egnatia: unos 1.100 km a través de los Balcanes, desde el Adriático hasta Bizancio.
- Vía Augusta: unos 1.500 km en Hispania, desde los Pirineos hasta Cádiz.
- Vía Domicia: la más antigua de la Galia (118 a. C.), entre Italia e Hispania.
Para salvar ríos y valles, los ingenieros levantaron puentes que todavía se usan, como el puente de Alcántara sobre el Tajo, construido bajo Trajano hacia el 104–106 d. C., o el puente de Mérida sobre el Guadiana, de casi 800 m.
Cómo se construía
Las legiones eran las principales constructoras. Los agrimensores trazaban la línea más recta posible con un instrumento llamado groma, y luego se excavaba una zanja y se rellenaba en capas, según la descripción clásica basada en Vitruvio:
- Statumen: piedras grandes como cimiento.
- Rudus: piedra triturada mezclada con cal.
- Nucleus: capa de grava fina y arena compactada.
- Pavimentum: losas poligonales de piedra dura, a menudo basalto, ajustadas como un rompecabezas.
La superficie tenía una ligera curvatura para que el agua escurriera hacia las cunetas laterales, y el conjunto podía alcanzar más de un metro de espesor. Los bordillos y las piedras para montar a caballo completaban la obra. No todas las calzadas tenían todas las capas: los arqueólogos encuentran muchas variaciones según el terreno y los materiales locales.
Dato curioso: la palabra milla viene del latín mille passus, «mil pasos» (un paso doble), unos 1.480 m. Cada milla se marcaba con un miliario, una columna de piedra que indicaba la distancia y el emperador que había construido o reparado el tramo. Se conservan miles.
El internet de la Antigüedad
Augusto instaló en el Foro, en el 20 a. C., el Miliarium Aureum («miliario de oro»), una columna de bronce dorado que simbolizaba el punto de partida de todas las vías: de ahí la expresión «todos los caminos llevan a Roma». También creó el cursus publicus, el servicio estatal de correos y transporte, con postas para cambiar caballos (mutationes) y posadas (mansiones) a lo largo de las rutas. Un mensajero podía recorrer unos 75 km por día, y en emergencias mucho más: Plinio el Viejo cuenta que Tiberio cubrió 200 millas en 24 horas para llegar junto a su hermano Druso, moribundo en Germania.
Los viajeros usaban itinerarios, listas de etapas con distancias, como el Itinerario de Antonino, y mapas como la Tabla de Peutinger, una copia medieval de un mapa romano de unos 6,75 m de largo que muestra la red desde Britania hasta la India.
Una herencia bajo el asfalto
Por las calzadas circularon legiones, mercaderes, peregrinos y también ideas: el cristianismo se expandió siguiendo sus rutas, y el apóstol Pablo llegó a Roma por la Vía Apia. Después del imperio, muchas siguieron en uso durante más de mil años. Hoy numerosas carreteras de Europa siguen sus trazados: la autopista italiana A1 y la ruta SS7, que conserva el nombre de Vía Apia, recorren aproximadamente los caminos que abrieron los ingenieros romanos.
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