Aníbal Barca

El general que cruzó los Alpes con elefantes y aterrorizó a Roma

⏳ 247–183 a. C.República romana📍 Cannas, Apulia (Italia)

Hijo de Amílcar, juró de niño odio eterno a Roma. Cruzó los Alpes, aplastó a ocho legiones en Cannas y combatió quince años en Italia sin ser derrotado allí.

El juramento

Aníbal nació en el 247 a. C., hijo de Amílcar Barca, el general cartaginés que había resistido invicto en Sicilia durante la primera guerra púnica. El historiador Polibio cuenta una escena que el propio Aníbal relató en su vejez: a los nueve años, antes de partir con su padre a Hispania, Amílcar lo hizo poner la mano sobre un altar y jurar que jamás sería amigo de los romanos.

En Hispania los Barca construyeron un dominio casi personal, con minas de plata y una capital nueva, Cartago Nova (Cartagena). Tras la muerte de Amílcar (229 a. C.) y de su yerno Asdrúbal el Bello (221 a. C.), el ejército eligió como jefe a Aníbal, con apenas 25 años. Hablaba griego, había sido educado por el espartano Sósilo y conocía de primera mano a los soldados que mandaba.

La marcha imposible

En el 219 a. C. sitió Sagunto, aliada de Roma, durante ocho meses; Roma le declaró la guerra. Aníbal hizo lo que nadie esperaba: en lugar de esperar una invasión, la llevó a Italia por tierra. Partió en la primavera del 218 a. C. con, según Polibio, unos 90.000 infantes, 12.000 jinetes y 37 elefantes. Cruzó el Ebro, los Pirineos y el Ródano, donde hizo pasar a los elefantes en balsas cubiertas de tierra para que no se asustaran.

El paso de los Alpes, a fines de otoño, duró unos 15 días entre nieve, precipicios y ataques de tribus montañesas. Livio cuenta que, para romper una roca que bloqueaba el camino, la calentaron con fuego y la rociaron con vinagre. Aníbal llegó al valle del Po con solo unos 20.000 infantes y 6.000 jinetes, una cifra que Polibio tomó de una inscripción dejada por el propio Aníbal. Casi todos los elefantes murieron en el primer invierno; según la tradición, solo sobrevivió uno, sobre el que el general cabalgaba.

Cannas: la batalla perfecta

Tras vencer en Trebia (218 a. C.), atravesar los pantanos del Arno, donde perdió un ojo por una infección, y emboscar a los romanos en el lago Trasimeno (217 a. C.), Aníbal se enfrentó en Cannas, el 2 de agosto del 216 a. C., al mayor ejército que Roma había reunido nunca: unos 80.000 soldados contra cerca de 50.000 suyos.

Colocó en el centro a sus infantes galos e hispanos en forma de media luna, con la convexidad hacia el enemigo, y a la infantería africana veterana en los flancos. El centro cedió poco a poco, los romanos avanzaron en masa hacia el hueco y quedaron encerrados: los africanos giraron sobre los costados y la caballería de Asdrúbal cerró la retaguardia. Fue un doble envolvimiento total. Murieron el cónsul Lucio Emilio Paulo, unos 80 senadores y, según Livio, unos 48.000 romanos y aliados.

Dato curioso: Cannas sigue siendo estudiada en academias militares de todo el mundo. El plan alemán de 1914 y la planificación de la operación Tormenta del Desierto en 1991 se inspiraron explícitamente en ese modelo de envolvimiento.

La victoria que no llegó

Su oficial de caballería Maharbal le pidió marchar de inmediato sobre Roma y, según Livio, le reprochó: «Sabes vencer, Aníbal, pero no sabes aprovechar la victoria». Aníbal no tenía máquinas de asedio y esperaba que los aliados italianos abandonaran a Roma. Algunos lo hicieron, como Capua, pero el núcleo de la confederación resistió. Durante quince años recorrió Italia sin perder ninguna batalla importante, pero sin refuerzos suficientes desde Cartago.

En el 207 a. C. su hermano Asdrúbal cruzó los Alpes con un segundo ejército y fue derrotado y muerto en el Metauro; los romanos arrojaron su cabeza ante el campamento de Aníbal. En el 203 a. C. Cartago lo llamó de vuelta para defender África, y en Zama (202 a. C.) Escipión, con la caballería númida de Masinisa, lo venció.

Exilio y muerte

Aníbal no se retiró. Elegido sufete (máximo magistrado) de Cartago en el 196 a. C., reformó las finanzas y combatió la corrupción. Sus enemigos lo denunciaron ante Roma y huyó a la corte del rey seléucida Antíoco III, luego a Creta y finalmente a Bitinia. Cuando los romanos exigieron su entrega, se envenenó en Libisa, hacia el 183 a. C., a los 64 años. Según Livio, sus últimas palabras fueron: «Liberemos a los romanos de su larga angustia, ya que les parece demasiado esperar la muerte de un viejo».

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¿Con cuántos hombres llegó Aníbal a Italia tras cruzar los Alpes, según Polibio?