
Don Quijote de la Mancha
El caballero loco que inventó la novela moderna
Un hidalgo que enloqueció de tanto leer libros de caballerías salió a desfacer entuertos con su escudero Sancho Panza y se convirtió en el personaje más universal de la lengua española.
En un lugar de la Mancha
«En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme...». Así empieza la obra más célebre de la literatura en español. Su protagonista es Alonso Quijano, un hidalgo pobre de unos cincuenta años que pasa las noches leyendo novelas de caballerías hasta que «se le secó el celebro». Convencido de que es un caballero andante, se rebautiza don Quijote de la Mancha, monta en su flaco caballo Rocinante, elige como dama a una labradora a la que llama Dulcinea del Toboso y sale a recorrer el mundo para deshacer injusticias.
En su segunda salida lo acompaña Sancho Panza, un labrador vecino, práctico y glotón, que lo sigue con la promesa de gobernar una ínsula. La pareja —el idealista delirante y el realista con los pies en la tierra— es uno de los grandes hallazgos de la literatura universal.
Un autor marcado por la vida
Miguel de Cervantes Saavedra (1547–1616) tenía una biografía digna de novela. Combatió en la batalla de Lepanto en 1571, donde un arcabuzazo le dejó inutilizada la mano izquierda (de ahí su apodo, «el manco de Lepanto»). En 1575 fue capturado por piratas berberiscos y pasó cinco años cautivo en Argel, donde intentó fugarse cuatro veces. Luego fue recaudador de impuestos y estuvo preso por deudas; según su propio prólogo, el Quijote fue engendrado «en una cárcel».
La primera parte se publicó en Madrid a comienzos de 1605, impresa por Juan de la Cuesta. Fue un éxito inmediato. En 1614 apareció una continuación apócrifa firmada por un tal Alonso Fernández de Avellaneda, cuya identidad sigue siendo un misterio. Cervantes respondió con la segunda parte en 1615, donde los personajes saben que hay un libro sobre ellos y critican la versión falsa. Murió al año siguiente, en abril de 1616.
Molinos, gigantes y otras aventuras
El episodio más famoso está en el capítulo VIII: don Quijote ve treinta o cuarenta molinos de viento y los toma por gigantes. Pese a las advertencias de Sancho, carga contra ellos con su lanza y termina por los suelos. De ahí la expresión «luchar contra molinos de viento». Otras aventuras memorables son los rebaños de ovejas que confunde con ejércitos, el yelmo de Mambrino —en realidad una bacía de barbero—, la cueva de Montesinos y el gobierno de Sancho en la ínsula Barataria, donde el escudero demuestra un sentido común y una justicia que asombran a todos.
Dato curioso: Cervantes juega con el lector diciendo que la historia no es suya: la habría escrito un historiador árabe llamado Cide Hamete Benengeli, y él solo habría encargado traducir el manuscrito que encontró en el mercado de Toledo.
La primera novela moderna
El Quijote parodia los libros de caballerías, pero va mucho más allá. Mezcla géneros, cambia de narrador, juega con la ficción dentro de la ficción y muestra personajes que evolucionan: al final, don Quijote se vuelve más sabio y Sancho más idealista, un fenómeno que la crítica llamó la «quijotización» de Sancho y la «sanchificación» de don Quijote. Por eso muchos lo consideran la primera novela moderna.
Su influencia es inmensa: Dickens, Flaubert, Dostoievski, Borges y García Márquez se reconocieron en deuda con él. Ha sido traducido a decenas de idiomas y en 2002 un centenar de escritores convocados por el Club del Libro Noruego lo eligieron la mejor obra de ficción de todos los tiempos. Pablo Picasso lo dibujó en 1955 con unos pocos trazos de tinta, y la palabra «quijote» pasó al diccionario para designar a quien defiende ideales nobles aunque parezcan imposibles.
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