Reforma protestante
El monje que partió en dos a la cristiandad
En 1517, Martín Lutero cuestionó la venta de indulgencias. Su desafío, multiplicado por la imprenta, dividió a la Iglesia occidental y cambió para siempre la política europea.
Una Iglesia en crisis
A comienzos del siglo XVI, la Iglesia católica era la institución más poderosa de Europa occidental, pero arrastraba críticas desde hacía siglos. Muchos clérigos acumulaban cargos y rentas, los papas del Renacimiento actuaban como príncipes guerreros y mecenas, y reformadores anteriores como John Wycliffe en Inglaterra o Jan Hus en Bohemia —quemado en la hoguera en 1415— ya habían reclamado volver a la Biblia. El detonante fue la venta de indulgencias: documentos que, según la doctrina, reducían las penas del purgatorio. En 1515 el papa León X autorizó una gran campaña en tierras alemanas para financiar la nueva basílica de San Pedro en Roma. El predicador dominico Johann Tetzel la promocionaba con fervor.
Las 95 tesis
Martín Lutero, monje agustino y profesor de teología en Wittenberg, estaba convencido de que la salvación no se compraba: el ser humano se justificaba solo por la fe en la gracia de Dios. El 31 de octubre de 1517 envió al arzobispo de Maguncia sus 95 tesis contra las indulgencias; la tradición dice que también las clavó en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg. Gracias a la imprenta, en pocas semanas circulaban por toda Alemania.
Roma reaccionó. En 1520 el papa amenazó a Lutero con la excomunión; él quemó públicamente la bula. En 1521, ante la Dieta de Worms y el emperador Carlos V, se negó a retractarse. Fue declarado proscrito, pero el elector Federico el Sabio de Sajonia lo escondió en el castillo de Wartburg, donde tradujo el Nuevo Testamento al alemán en apenas unas once semanas.
Dato curioso: el nombre protestantes nació en 1529, cuando varios príncipes y ciudades alemanas protestaron formalmente en la Dieta de Espira contra un decreto que restringía las reformas religiosas.
Muchas reformas
Pronto hubo varias corrientes. En Zúrich, Ulrico Zuinglio impulsó una reforma más radical. En Ginebra, Juan Calvino organizó una iglesia austera y disciplinada, con la doctrina de la predestinación; su influencia se extendió a Escocia, Países Bajos, Francia —los hugonotes— y más tarde a Norteamérica. Los anabaptistas rechazaron el bautismo de niños. En Inglaterra, Enrique VIII rompió con Roma en 1534 por razones dinásticas y matrimoniales, creando la Iglesia de Inglaterra, que se consolidó bajo su hija Isabel I.
La respuesta católica y las guerras
La Iglesia católica respondió con la Contrarreforma. El Concilio de Trento (1545–1563) reafirmó la doctrina, corrigió abusos y creó seminarios. La Compañía de Jesús, fundada por Ignacio de Loyola y aprobada en 1540, se volvió su brazo misionero y educativo: sus integrantes fundarían las célebres reducciones jesuíticas de los guaraníes en la región del Paraguay a partir de 1609.
La división desató décadas de violencia: la Guerra de los Campesinos (1524–1525), las guerras de religión francesas con la matanza de San Bartolomé (1572) y, finalmente, la Guerra de los Treinta Años (1618–1648), que devastó Europa central. La Paz de Augsburgo (1555) había establecido que cada príncipe decidía la religión de su territorio; la Paz de Westfalia (1648) consolidó ese principio y sentó bases del sistema moderno de Estados soberanos.
Legado
La Reforma impulsó la lectura de la Biblia en lenguas vernáculas, la alfabetización y, a largo plazo, debates sobre libertad de conciencia. Hoy hay cientos de millones de cristianos protestantes en el mundo, y en América Latina las iglesias evangélicas crecen con fuerza desde la segunda mitad del siglo XX.
Galería
¿Qué práctica criticaba Lutero en sus 95 tesis?
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