Caída de Constantinopla
El último día del Imperio romano
El 29 de mayo de 1453, el sultán Mehmed II tomó Constantinopla tras 53 días de asedio. Así terminó el Imperio bizantino, heredero de Roma durante más de mil años.
La ciudad de las murallas
Fundada por el emperador Constantino en el año 330 sobre la antigua Bizancio, Constantinopla fue durante siglos la ciudad más rica y poblada de la cristiandad. Protegida por el mar en tres de sus lados y por las colosales murallas teodosianas —una triple línea de defensas de unos 6 kilómetros levantada en el siglo V—, había resistido asedios de persas, árabes, búlgaros y rusos. Solo cayó una vez antes de 1453: en 1204, saqueada por los cruzados latinos de la Cuarta Cruzada, una herida de la que nunca se recuperó del todo.
A mediados del siglo XV, el Imperio bizantino era una sombra: poco más que la ciudad, algunas islas y el Peloponeso. Constantinopla tenía quizá unos 50 000 habitantes, frente a cientos de miles en su apogeo. A su alrededor, el Imperio otomano dominaba ya Anatolia y buena parte de los Balcanes.
El joven sultán
Mehmed II subió al trono en 1451 con 19 años y una obsesión: conquistar la ciudad. En 1452 levantó en apenas unos meses la fortaleza de Rumeli Hisarı sobre el Bósforo, para cortar la ayuda que pudiera llegar desde el mar Negro. Contrató además a Orbán, un fundidor de cañones húngaro que antes había ofrecido sus servicios a los bizantinos, para fundir bombardas gigantescas capaces de lanzar proyectiles de piedra de varios cientos de kilos.
El último emperador, Constantino XI Paleólogo, pidió ayuda a Occidente, pero recibió poco: unos 700 soldados genoveses al mando de Giovanni Giustiniani Longo y contingentes venecianos. En total, los defensores sumaban unos 7000 a 8000 hombres frente a un ejército otomano estimado entre 50 000 y 80 000.
53 días de asedio
El asedio comenzó el 6 de abril de 1453. Los bizantinos habían cerrado la entrada del Cuerno de Oro con una enorme cadena flotante. Mehmed respondió con una maniobra audaz: el 22 de abril hizo arrastrar unos 70 barcos por tierra, sobre rodillos engrasados, a través de las colinas de Gálata, y los botó dentro del puerto, a espaldas de los defensores.
Los cañones abrían brechas cada día y los sitiados las reparaban cada noche. Tras semanas de bombardeo, el asalto final llegó en la madrugada del 29 de mayo. Giustiniani fue herido y evacuado, lo que desmoralizó a los defensores. Según algunas crónicas, una pequeña puerta, la Kerkoporta, quedó abierta. Los jenízaros entraron. Constantino XI murió combatiendo; su cuerpo nunca fue identificado con certeza.
Dato curioso: una leyenda griega cuenta que Constantino XI no murió, sino que fue convertido en mármol por un ángel y espera dormido bajo la ciudad para recuperarla algún día.
Estambul, capital otomana
Mehmed, desde entonces llamado el Conquistador, entró en la ciudad y convirtió la basílica de Santa Sofía en mezquita. Trasladó allí su capital, repobló la ciudad con musulmanes, cristianos y judíos, y permitió la continuidad del patriarcado ortodoxo. La ciudad, que con el tiempo se conocería popularmente como Estambul, fue capital otomana hasta 1922.
Consecuencias
La caída cerró simbólicamente la Edad Media para muchos historiadores. Eruditos griegos que huyeron a Italia llevaron manuscritos clásicos que alimentaron el Renacimiento. El control otomano de las rutas orientales encareció el comercio de especias e impulsó a Portugal y España a buscar caminos marítimos hacia Asia: una de las motivaciones que desembocaron en el viaje de Cristóbal Colón en 1492 y en la Era de los Descubrimientos.
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¿Cómo burló Mehmed II la cadena que cerraba el Cuerno de Oro?
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