
Las Cruzadas
Dos siglos de guerra santa por Jerusalén
Entre 1095 y 1291, ejércitos de la cristiandad latina marcharon hacia Tierra Santa. Dejaron reinos efímeros, odios duraderos e intensos intercambios entre Oriente y Occidente.
«Dios lo quiere»
El 27 de noviembre de 1095, en el concilio de Clermont, en Francia, el papa Urbano II respondió a un pedido de ayuda del emperador bizantino Alejo I Comneno, presionado por los turcos selyúcidas tras su victoria en Manzikert (1071). El papa llamó a los cristianos a liberar Jerusalén y prometió la remisión de los pecados a quienes tomaran la cruz. La multitud respondió con el grito Deus vult, «Dios lo quiere».
Primero partió la desorganizada Cruzada de los pobres de Pedro el Ermitaño, aniquilada en Anatolia, y en el camino algunos grupos masacraron comunidades judías en el Rin. Luego llegaron los ejércitos de los grandes señores: Godofredo de Bouillon, Raimundo de Tolosa y Bohemundo de Tarento.
La Primera Cruzada y los Estados latinos
Tras el durísimo sitio de Antioquía (1097–1098), los cruzados tomaron Jerusalén el 15 de julio de 1099 y masacraron a buena parte de sus habitantes musulmanes y judíos. Fundaron cuatro Estados cruzados: el condado de Edesa, el principado de Antioquía, el condado de Trípoli y el reino de Jerusalén. Para defenderlos surgieron las órdenes militares, como los templarios (hacia 1119) y los hospitalarios.
La caída de Edesa en 1144 provocó la Segunda Cruzada (1147–1149), un fracaso ante Damasco. El gran sultán kurdo Saladino unificó Egipto y Siria y, el 4 de julio de 1187, destruyó al ejército cruzado en los Cuernos de Hattin. En octubre de ese año recuperó Jerusalén, esta vez sin masacre general.
Ricardo, Saladino y el desvío de Constantinopla
La Tercera Cruzada (1189–1192) reunió a los reyes más poderosos de Europa. El emperador Federico Barbarroja se ahogó en 1190 en un río de Anatolia; Felipe II de Francia regresó pronto; Ricardo Corazón de León recuperó Acre y venció en Arsuf, pero no tomó Jerusalén. El tratado de Jaffa (1192) permitió a los peregrinos cristianos visitar la ciudad.
La Cuarta Cruzada terminó en escándalo: endeudados con Venecia, los cruzados saquearon la cristiana Constantinopla en abril de 1204 y fundaron allí un Imperio latino, herida que agravó el cisma entre católicos y ortodoxos.
Dato curioso: En 1229, el emperador Federico II, excomulgado, obtuvo Jerusalén sin combatir, mediante un tratado con el sultán al-Kamil. Fue la cruzada más exitosa y la menos sangrienta.
El final y la herencia
Luis IX de Francia, san Luis, dirigió dos cruzadas: fue capturado en Egipto (1250) y murió de enfermedad en Túnez en 1270. Los mamelucos de Egipto fueron conquistando las últimas plazas hasta tomar Acre en 1291, fin de la presencia cruzada en Tierra Santa.
El concepto de cruzada se aplicó también contra los musulmanes de la península ibérica, los paganos del Báltico y herejes como los cátaros. Las Cruzadas estimularon el comercio de Venecia y Génova, la circulación de productos y saberes orientales y el crecimiento del poder papal, pero también dejaron una memoria de violencia que aún se invoca en los discursos políticos de hoy.
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