
La ballena azul
El animal más grande que jamás existió
Supera los 30 metros y puede pesar más de 150 toneladas, más que cualquier dinosaurio conocido. Y se alimenta de crustáceos de pocos centímetros.
Una gigante entre gigantes
La ballena azul (Balaenoptera musculus), descrita por Carlos Linneo en 1758, es el animal más grande del que se tenga registro, incluidos los dinosaurios. Los ejemplares adultos suelen medir entre 24 y 30 metros, y las hembras son algo mayores que los machos. El récord más citado corresponde a una hembra medida en 1909 en la estación ballenera de Grytviken, en las islas Georgias del Sur: unos 33,6 metros. Su peso puede superar las 150 toneladas, el equivalente a unos 30 elefantes africanos.
Sus órganos tienen dimensiones de otro mundo:
- El corazón de un ejemplar varado en Terranova en 2014 pesó unos 180 kilos, como una moto grande.
- La lengua puede pesar tanto como un elefante.
- Una cría nace con unos 7 metros y alrededor de 2,5 toneladas, y durante la lactancia gana unos 90 kilos por día.
Comer lo más pequeño
Paradójicamente, el animal más grande se alimenta de uno de los más pequeños: el kril, crustáceos parecidos a camarones de 1 a 6 centímetros. La ballena azul es un misticeto: en lugar de dientes tiene barbas, láminas de queratina que cuelgan de la mandíbula superior. Se lanza contra un banco de kril con la boca abierta y su garganta, plegada como un acordeón, se infla hasta tragar un volumen de agua y alimento mayor que su propio cuerpo. Luego expulsa el agua a través de las barbas y retiene el kril. En temporada de alimentación puede consumir varias toneladas al día.
Dato curioso: sus vocalizaciones de baja frecuencia, entre unos 10 y 40 hercios, están entre los sonidos más potentes producidos por un animal y, bajo el agua, pueden viajar cientos de kilómetros.
Al borde de la extinción
Durante siglos su velocidad la protegió de los balleneros de remo. Todo cambió a fines del siglo XIX con los barcos a vapor y el cañón arponero con granada, perfeccionado por el noruego Svend Foyn. En el siglo XX se mataron unas 360.000 ballenas azules solo en el hemisferio sur. En la temporada 1930-1931 se cazaron cerca de 30.000. La Comisión Ballenera Internacional prohibió su caza comercial en 1966, cuando ya quedaban pocos miles.
La población antártica, que pudo superar los 200.000 ejemplares, cayó a una fracción mínima de su tamaño original. Hoy la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza la clasifica como especie en peligro, con una población mundial estimada de entre 10.000 y 25.000 adultos. Los conteos muestran una recuperación lenta, especialmente frente a California y en el océano Austral.
Vidas largas y secretas
Las ballenas azules pueden vivir entre 80 y 90 años; los científicos calculan su edad contando capas en el cerumen acumulado en sus oídos, como los anillos de un árbol. Realizan migraciones entre zonas de alimentación frías y aguas templadas donde nacen las crías, aunque muchas rutas siguen siendo un misterio. Cuando una ballena muere, su cuerpo se hunde y alimenta durante décadas a todo un ecosistema en el fondo marino. Incluso sus heces ricas en hierro fertilizan el fitoplancton: la ballena más grande ayuda a sostener la base de la cadena alimenticia del océano.
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