
Abejas y polinización
Las pequeñas obreras que alimentan al mundo
Más de 20.000 especies de abejas polinizan plantas silvestres y cultivos. Tres de cada cuatro tipos de cultivos alimenticios se benefician de los polinizadores.
Una alianza de 100 millones de años
Las plantas con flor y las abejas evolucionaron juntas. El fósil de abeja más antiguo conocido, Melittosphex burmensis, quedó atrapado en ámbar de Myanmar hace unos 100 millones de años, cuando los dinosaurios aún dominaban la Tierra. Desde entonces, las flores ofrecen néctar y polen, y a cambio las abejas transportan ese polen de una flor a otra, permitiendo la fecundación. Hoy se conocen más de 20.000 especies de abejas, la mayoría solitarias: solo una pequeña parte vive en grandes colonias como la abeja melífera.
La colmena, una superorganización
Una colonia de abeja melífera (Apis mellifera) puede reunir unas 50.000 obreras en verano. Todas son hijas de una sola reina, capaz de poner hasta unos 2.000 huevos por día. Las obreras, hembras estériles, cambian de tarea con la edad: limpian celdas, alimentan larvas, fabrican cera, vigilan la entrada y, al final de su vida, salen a buscar alimento. En verano viven apenas unas cinco a seis semanas. Los zánganos, los machos, solo sirven para aparearse con reinas de otras colonias.
Dato curioso: una abeja obrera produce en toda su vida apenas una doceava parte de una cucharadita de miel. Un frasco de medio kilo es el trabajo de cientos de abejas que visitaron millones de flores.
El lenguaje de la danza
En la década de 1940, el austríaco Karl von Frisch descifró uno de los sistemas de comunicación más sorprendentes del reino animal. Cuando una abeja encuentra flores lejanas, regresa y realiza la danza del meneo sobre el panal: un recorrido en forma de ocho cuyo ángulo respecto de la vertical indica la dirección de la fuente en relación con el Sol, y cuya duración indica la distancia. Por ese hallazgo, Von Frisch compartió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 1973 con Konrad Lorenz y Nikolaas Tinbergen.
Por qué importan
La polinización por animales es un servicio gratuito del que depende buena parte de nuestra dieta. Un estudio de 2007 encontró que 87 de los 115 cultivos alimenticios principales del mundo se benefician de los polinizadores, y estos cultivos representan alrededor del 35 % del volumen de producción global. La plataforma científica IPBES estimó en 2016 que su aporte anual vale entre 235.000 y 577.000 millones de dólares. Sin abejas habría muchos menos frutos como manzanas, almendras, café, sandías o maracuyá.
Pero los polinizadores están en problemas. Desde 2006, apicultores de Estados Unidos reportaron el síndrome de colapso de colmenas, en el que las obreras desaparecen sin dejar rastro. Entre las causas investigadas figuran:
- Ciertos plaguicidas, en especial los neonicotinoides.
- El ácaro parásito Varroa destructor y los virus que transmite.
- La pérdida de flores silvestres por el monocultivo.
- El cambio climático.
Las abejas sin aguijón
Antes de la llegada de la abeja europea, en América ya existían abejas nativas: las meliponas, que no pican. Los pueblos guaraníes conocían bien a varias de ellas, como la jateí, pequeña abeja dorada cuya miel se usa tradicionalmente como remedio. Su cría, la meliponicultura, está renaciendo en Paraguay como una forma de producir miel y, a la vez, proteger a polinizadores únicos del bosque.
Galería
¿Qué indica el ángulo de la danza del meneo?
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La red invisible que conecta a todos los seres vivos
Fotosíntesis
Cómo la luz del Sol se convierte en comida y oxígeno
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Quién se come a quién, y por qué importa
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La idea que explicó la diversidad de la vida
El pueblo guaraní
Los buscadores de la tierra sin mal
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El experimento que la humanidad hace con su planeta
El reino de los hongos
Ni plantas ni animales: el tercer gran reino
Número áureo
La proporción en la que el todo es a la parte mayor como la parte mayor es a la menor.
Suma de ángulos de un polígono
Los ángulos interiores de un polígono convexo de n lados suman (n − 2) veces 180 grados.