Gladiadores
Esclavos, estrellas y máquinas de matar en la arena
Nacieron como un rito funerario y se volvieron el gran espectáculo del imperio. Los gladiadores eran esclavos o voluntarios entrenados con dieta de atletas, y no siempre morían.
Un deber con los muertos
El primer combate de gladiadores registrado en Roma se celebró en el 264 a. C., el mismo año en que estalló la primera guerra púnica. Para honrar a su padre muerto, Junio Bruto Pera, sus hijos hicieron luchar a tres parejas de esclavos en el Foro Boario. Por eso los juegos se llamaban munera, «deberes» u «ofrendas» a los difuntos. El origen probablemente estaba en Campania o Etruria, donde la sangre derramada se ofrecía a los espíritus de los muertos.
Muy pronto el rito funerario se volvió herramienta política. Los aspirantes a cargos públicos competían por ofrecer los juegos más espectaculares: en el 65 a. C., Julio César, como edil, exhibió 320 parejas con armaduras de plata. Augusto se jactó en sus Res Gestae de haber ofrecido ocho espectáculos en los que lucharon unos 10.000 hombres.
Quiénes eran
La mayoría eran esclavos, prisioneros de guerra o condenados. Pero también había hombres libres, los auctorati, que firmaban un contrato por dinero y aceptaban, con un juramento, «ser quemados, encadenados, golpeados y muertos por la espada». Vivían y entrenaban en escuelas (ludi) dirigidas por un empresario, el lanista. La más grande de Roma, el Ludus Magnus, estaba junto al Coliseo y conectada con él por un túnel; sus restos, con una pequeña arena de entrenamiento, pueden verse hoy.
La escuela más célebre fue la de Capua, de donde en el 73 a. C. escapó el tracio Espartaco con unos 70 compañeros armados con cuchillos de cocina. Su rebelión llegó a reunir un ejército de decenas de miles de esclavos, derrotó a varias legiones y solo fue aplastada en el 71 a. C. por Craso, que hizo crucificar a 6.000 prisioneros a lo largo de la Vía Apia, entre Capua y Roma.
Tipos de gladiador
Los combates enfrentaban estilos distintos, cuidadosamente emparejados para equilibrar ventajas:
- Murmillo: casco con cresta de pez, escudo rectangular grande y espada corta.
- Thraex (tracio): escudo pequeño y una espada curva, la sica.
- Retiarius: casi sin armadura, con una red y un tridente; luchaba contra el secutor, de casco liso y redondeado para que la red resbalara.
- Hoplomachus: armado como un hoplita griego, con lanza y escudo redondo.
- Eques: comenzaba a caballo; essedarius: luchaba desde un carro, al estilo britano.
Atletas de cebada
Los gladiadores eran una inversión cara y su dueño no quería perderlos. Plinio el Viejo los llamaba hordearii, «comedores de cebada». En 2007 se publicó el estudio de un cementerio de gladiadores del siglo II–III en Éfeso (Turquía), con unos 67 individuos: los análisis químicos de sus huesos confirmaron una dieta casi vegetariana, basada en cereales y legumbres, y un consumo muy alto de estroncio, compatible con la bebida de cenizas vegetales que, según Plinio, tomaban como reconstituyente. Varias fracturas curadas mostraban que recibían buena atención médica; el gran médico Galeno comenzó su carrera atendiendo gladiadores en Pérgamo.
Dato curioso: no está claro qué gesto pedía la muerte. Los textos dicen pollice verso, «con el pulgar girado», sin indicar hacia dónde. La imagen del pulgar hacia abajo se popularizó por el cuadro Pollice verso de Jean-Léon Gérôme (1872), que inspiró a Hollywood.
¿Morían siempre?
No. Un combate podía terminar con la muerte, pero también con la rendición del vencido, que levantaba un dedo pidiendo clemencia (missio). El organizador decidía, muchas veces guiándose por el público. Las lápidas muestran que algunos gladiadores sobrevivían a decenas de combates; los estudios modernos calculan que, en el siglo I d. C., la mayoría de los combates no terminaban en muerte. Un gladiador célebre podía ganar la libertad y recibir la rudis, una espada de madera simbólica.
Hubo también mujeres gladiadoras: un relieve de Halicarnaso, hoy en el Museo Británico, muestra a dos, «Amazonia» y «Achillia». Septimio Severo las prohibió hacia el 200 d. C.
El cristianismo se opuso a los juegos. Constantino los condenó en el 325, aunque continuaron. La tradición cuenta que en el 404 el monje Telémaco saltó a la arena para separar a dos luchadores y fue linchado por el público, y que el emperador Honorio prohibió entonces los combates. Después de esa fecha ya no hay registros seguros de gladiadores en Roma.
Galería
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