Charles Darwin

El viajero que descubrió cómo cambia la vida

⏳ 1809–1882Edad Contemporánea📍 Shrewsbury, Inglaterra

Un joven naturalista dio la vuelta al mundo a bordo del Beagle y volvió con la idea más poderosa de la biología: la evolución por selección natural.

Un estudiante sin rumbo

Charles Robert Darwin nació el 12 de febrero de 1809 en Shrewsbury, Inglaterra, el mismo día que Abraham Lincoln. Su padre, Robert, era un médico próspero; su abuelo Erasmus Darwin, un célebre naturalista y poeta que ya había especulado sobre la transformación de las especies; y su abuelo materno, Josiah Wedgwood, el fundador de la famosa fábrica de cerámica.

De chico coleccionaba escarabajos, minerales y conchas. Su padre lo envió a estudiar medicina a Edimburgo, pero Charles no soportaba ver operar sin anestesia y abandonó. Probó entonces con la teología en Cambridge, con la idea de ser clérigo rural. Allí se hizo amigo del botánico John Stevens Henslow, que en 1831 le consiguió un puesto inesperado: acompañante del capitán Robert FitzRoy en un viaje alrededor del mundo.

El viaje del Beagle

El HMS Beagle zarpó de Plymouth el 27 de diciembre de 1831 para levantar cartas náuticas de Sudamérica. El viaje, previsto para dos años, duró casi cinco. Darwin, que sufría mareos constantes, pasó la mayor parte del tiempo en tierra: recorrió la Patagonia, Tierra del Fuego, los Andes y la costa de Brasil. En Punta Alta, en la actual Argentina, desenterró fósiles de mamíferos gigantes extinguidos, como perezosos terrestres, y se preguntó por qué se parecían tanto a especies vivientes de la región. En Chile vivió un terremoto en 1835 y comprobó que la costa se había elevado.

En septiembre de 1835 llegó a las islas Galápagos. Allí notó que las tortugas gigantes y los sinsontes variaban de una isla a otra. Los célebres pinzones, de picos distintos, solo cobraron sentido para él más tarde, cuando el ornitólogo John Gould los clasificó en Londres.

Dato curioso: Antes de casarse, Darwin escribió una lista de ventajas e inconvenientes del matrimonio. Entre los contras anotó la pérdida de tiempo para leer; entre los pros, tener una compañera, «mejor que un perro en todo caso». Se casó con su prima Emma Wedgwood en 1839 y tuvieron diez hijos.

La idea peligrosa

De regreso en 1836, Darwin empezó en 1837 a llenar cuadernos sobre la «transmutación» de las especies. En 1838, al leer el Ensayo sobre el principio de la población de Thomas Malthus, encontró la clave: si nacen más individuos de los que pueden sobrevivir, los que tienen variaciones ventajosas dejarán más descendencia. Era la selección natural. Pero, temeroso del escándalo y perfeccionista, pasó veinte años acumulando pruebas desde su casa de Down, en Kent, mientras estudiaba percebes, palomas y orquídeas.

En junio de 1858 recibió una carta de Alfred Russel Wallace, un naturalista que trabajaba en el archipiélago malayo, con una teoría casi idéntica. Sus amigos Charles Lyell y Joseph Hooker organizaron la presentación conjunta de ambos trabajos en la Sociedad Linneana. El 24 de noviembre de 1859 apareció El origen de las especies; los 1.250 ejemplares de la primera tirada se vendieron a los libreros el mismo día.

Polémica y legado

El libro desató un debate feroz. En 1871 Darwin publicó El origen del hombre, donde abordó abiertamente la evolución humana y la selección sexual. Pasó sus últimos años estudiando plantas carnívoras y lombrices de tierra, sufriendo una enfermedad crónica nunca diagnosticada. Murió el 19 de abril de 1882 en Down House y, pese a sus dudas religiosas, fue enterrado en la Abadía de Westminster, a pocos metros de Isaac Newton. Hoy la genética y el estudio del ADN confirman y amplían su teoría, columna vertebral de toda la biología moderna.

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