La Gran Muralla China

Dos mil años de piedra contra las estepas

⏳ Siglo VII a. C. – siglo XVIIDe los Reinos Combatientes a la dinastía Ming📍 Norte de China

No es un muro sino miles: una red de murallas, torres y fuertes levantada durante dos milenios para separar el mundo agrícola chino de los jinetes nómadas del norte.

Muchas murallas, una idea

Cuando hablamos de la Gran Muralla imaginamos una sola línea de piedra serpenteando por las montañas. En realidad es un sistema de fortificaciones construido, abandonado y reconstruido durante más de dos mil años. En 2012, la Administración Estatal del Patrimonio Cultural de China publicó la medición más completa: sumando todos los tramos de todas las épocas, las murallas alcanzan 21.196 kilómetros, más de la mitad de la circunferencia terrestre.

La idea era siempre la misma: proteger a los campesinos de las llanuras del norte de China frente a los pueblos nómadas de las estepas —xiongnu, xianbei, mongoles, yurchen— cuyos jinetes podían cruzar cientos de kilómetros en días.

El primer emperador

Durante el periodo de los Reinos Combatientes (siglos V a III a. C.), varios estados chinos levantaron muros de tierra apisonada para defenderse entre sí y de los nómadas. En el 221 a. C., Qin Shi Huang unificó China y ordenó conectar y ampliar los muros del norte bajo el mando del general Meng Tian. Las crónicas posteriores hablan de cientos de miles de trabajadores —soldados, campesinos y condenados— y de un costo humano enorme. La leyenda de Meng Jiangnü, una mujer cuyo llanto por su esposo muerto en las obras derrumbó un tramo del muro, refleja ese recuerdo amargo.

La dinastía Han extendió las defensas hacia el oeste, a través del corredor de Hexi, para proteger las caravanas de la naciente Ruta de la Seda.

La muralla de los Ming

La muralla que hoy fotografían los turistas, de ladrillo y piedra, con almenas y torres de vigilancia, es obra sobre todo de la dinastía Ming (1368–1644). Tras expulsar a los mongoles, los Ming temían su regreso, y después de que el caudillo Altan Kan llegara hasta las puertas de Pekín en 1550, invirtieron fortunas en reforzarla. Solo la muralla Ming mide unos 8.850 kilómetros, desde el paso de Shanhaiguan, junto al mar de Bohai, hasta el fuerte de Jiayuguan, en el desierto de Gansu.

Cada pocos cientos de metros se alzaba una torre. Con humo de día y fuego de noche, los soldados podían transmitir alertas a lo largo de cientos de kilómetros en pocas horas. Pese a todo, la muralla no fue invencible: en 1644 un general Ming abrió las puertas de Shanhaiguan a los manchúes, que fundaron la última dinastía imperial, la Qing.

Dato curioso: Es falso que la Gran Muralla se vea a simple vista desde la Luna. Ni siquiera desde la órbita baja es fácil distinguirla: en 2003, el primer astronauta chino, Yang Liwei, dijo que no había logrado verla.

Patrimonio y amenaza

La UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad en 1987. Tramos restaurados como Badaling y Mutianyu, cerca de Pekín, reciben millones de visitantes. Pero muchos otros kilómetros se están perdiendo: la erosión del viento y la lluvia, la agricultura y el saqueo de ladrillos para construir casas han borrado una parte importante de la muralla Ming. China aprobó en 2006 una normativa específica para protegerla.

Más que una barrera infranqueable, la Gran Muralla fue una frontera viva: un lugar de guerra, pero también de comercio, aduanas y contacto entre dos formas de vivir, la de los agricultores y la de los pastores de las estepas.

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