Machu Picchu

La ciudadela inca suspendida entre las nubes

⏳ c. 1420–1570Imperio inca📍 Cusco, Perú

A 2.430 metros de altura, sobre un cañón del río Urubamba, los incas construyeron una residencia real que los conquistadores nunca encontraron.

Un palacio en la montaña

Entre dos picos de los Andes, el Machu Picchu («montaña vieja») y el Huayna Picchu («montaña joven»), y casi 450 metros por encima del rugido del río Urubamba, se extiende una ciudad de granito blanco rodeada de terrazas verdes. La mayoría de los investigadores coincide en que fue una llaqta, una residencia real y santuario construido para el gran gobernante inca Pachacútec, el soberano que en el siglo XV transformó el reino del Cusco en el imperio más grande de la América precolombina, el Tahuantinsuyo.

Durante décadas se fechó su construcción hacia 1450, a partir de las crónicas españolas. En 2021, un estudio dirigido por el arqueólogo Richard Burger fechó con radiocarbono restos humanos del sitio y mostró que ya estaba ocupado hacia 1420, unos veinte años antes de lo que se creía. Ese mismo año, otra investigación propuso que sus habitantes no lo llamaban Machu Picchu sino, probablemente, Huayna Picchu.

Ingeniería inca

Machu Picchu está construido sobre una zona de fallas geológicas, en una cresta con fuertes lluvias. Que siga en pie es un triunfo de la ingeniería. Se calcula que gran parte del esfuerzo constructivo quedó bajo tierra: cimientos profundos y capas de piedra triturada que drenan el agua de lluvia y evitan deslizamientos. Unas 130 canaletas recorren el sitio y una fuente principal, alimentada por un manantial, abastecía a la población.

Los edificios más importantes muestran la célebre sillería inca: bloques tallados con tal precisión que encajan sin argamasa y sin que quepa una hoja de cuchillo entre ellos. Ese ajuste, junto con puertas y ventanas trapezoidales que se inclinan hacia adentro, ayudaba a resistir los terremotos.

Los templos del sol

El sitio se divide en un sector agrícola, con terrazas escalonadas, y un sector urbano con plazas, viviendas, talleres y templos. Destacan el Templo del Sol, una torre semicircular cuya ventana capta la luz del amanecer en el solsticio de junio; el Templo de las Tres Ventanas; y el Intihuatana, una roca tallada que se ha interpretado como un instrumento ritual vinculado al sol.

La vida en Machu Picchu duró poco. Tras la llegada de los españoles en 1532, las guerras civiles, las epidemias y el derrumbe del imperio provocaron su abandono hacia mediados del siglo XVI. Los españoles nunca dejaron constancia de haberlo visitado, lo que lo salvó de la destrucción sistemática que sufrieron otros santuarios.

Dato curioso: Cuando Hiram Bingham llegó en 1911, encontró grabado en un muro el nombre de Agustín Lizárraga, un agricultor cusqueño que había llegado en 1902. El sitio nunca estuvo del todo perdido para los campesinos de la zona.

El «descubrimiento» y la fama

El 24 de julio de 1911, el profesor estadounidense Hiram Bingham, de la Universidad de Yale, llegó al lugar guiado por el campesino Melchor Arteaga y un niño de las familias que cultivaban las terrazas. Bingham buscaba Vilcabamba, el último refugio inca, y creyó haberlo encontrado. Sus fotografías en National Geographic en 1913 lo hicieron famoso en todo el mundo. Miles de objetos excavados fueron llevados a Yale; tras un largo reclamo del Perú, fueron devueltos entre 2011 y 2012.

Machu Picchu fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1983 y una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo en 2007. Hoy su principal desafío es el turismo: el Perú limita el número de visitantes diarios y los circuitos para proteger un lugar que resistió cinco siglos de montaña, lluvia y olvido.

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