
Pablo Picasso
El malagueño que reinventó la pintura una y otra vez
Prodigio desde niño, fundó el cubismo junto a Braque, pintó Guernica contra el horror de la guerra y cambió de estilo durante 75 años de creación incesante.
El niño que dibujaba como un maestro
Pablo Ruiz Picasso nació en Málaga el 25 de octubre de 1881. Su padre, José Ruiz Blasco, era profesor de dibujo y pintor de palomas; según la leyenda familiar, al ver el talento de su hijo le entregó sus pinceles. La familia se trasladó a A Coruña y luego a Barcelona, donde Pablo ingresó a los 13 años en la escuela de Bellas Artes de La Llotja. La primera comunión y Ciencia y caridad, pintadas en la adolescencia, muestran un dominio académico asombroso. Pasó brevemente por la Academia de San Fernando de Madrid, pero el ambiente bohemio de Barcelona, con el café Els Quatre Gats, lo atraía mucho más.
Azul, rosa y una revolución
En 1900 viajó a París. El suicidio de su amigo Carles Casagemas en 1901 abrió su época azul, poblada de mendigos, ciegos y figuras melancólicas. Instalado en 1904 en el destartalado taller del Bateau-Lavoir, en Montmartre, pasó a la época rosa, con arlequines y saltimbanquis.
En 1907 pintó Las señoritas de Aviñón, cinco desnudos femeninos de formas angulosas y rostros inspirados en el arte ibérico y las máscaras africanas. Incluso sus amigos quedaron desconcertados. Junto a Georges Braque desarrolló entonces el cubismo: representar los objetos desde varios puntos de vista a la vez, descomponiéndolos en planos. En 1912 introdujo el collage, pegando materiales reales en el lienzo, una innovación que cambió el arte del siglo XX.
Guernica
En 1917 diseñó decorados para los Ballets Rusos de Serguéi Diáguilev y conoció a la bailarina Olga Jojlova, con quien se casó. En los años veinte se acercó al surrealismo y retomó un clasicismo monumental, sin dejar nunca de experimentar.
El 26 de abril de 1937, durante la Guerra Civil española, aviones de la Legión Cóndor alemana y de la aviación italiana bombardearon la villa vasca de Guernica. Picasso, que tenía el encargo de un mural para el pabellón de la República en la Exposición Internacional de París, pintó en unas cinco semanas un lienzo de casi ocho metros en blanco, negro y grises: un caballo agonizante, una madre con su hijo muerto, un toro, una lámpara. Guernica se convirtió en el gran símbolo contra la guerra. Por voluntad del artista permaneció en el MoMA de Nueva York hasta que España recuperó la democracia; llegó a Madrid en 1981 y hoy está en el Museo Reina Sofía.
Dato curioso: Su nombre completo de bautismo incluía más de diez nombres; él terminó firmando con el apellido de su madre, María Picasso López, más inusual que Ruiz.
Un creador incansable
Permaneció en el París ocupado por los nazis y en 1944 se afilió al Partido Comunista Francés. Su paloma de 1949 se convirtió en emblema de los movimientos por la paz. En Vallauris se volcó en la cerámica y en sus últimos años reinterpretó a Velázquez, con una serie de 58 obras sobre Las meninas, y a otros maestros.
Murió el 8 de abril de 1973 en Mougins, Francia, a los 91 años, sin regresar a la España de Franco. Dejó decenas de miles de obras entre pinturas, dibujos, grabados, esculturas y cerámicas. Su vida personal, en especial su trato con las mujeres que compartieron su vida, como Dora Maar o Françoise Gilot, es hoy objeto de revisión crítica.
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