Ludwig van Beethoven

El compositor sordo que escuchó el futuro

⏳ 1770–1827Edad Contemporánea📍 Bonn, Alemania

Perdió el oído en la plenitud de su carrera y aun así escribió la Quinta y la Novena sinfonías. Beethoven tendió el puente entre el clasicismo y el romanticismo.

Un niño explotado

Ludwig van Beethoven fue bautizado el 17 de diciembre de 1770 en Bonn, la capital del electorado de Colonia; probablemente había nacido el día anterior. Su abuelo, también llamado Ludwig, había sido maestro de capilla de la corte. Su padre, Johann, tenor de la misma corte y alcohólico, quiso convertir al niño en un nuevo Mozart: lo obligaba a practicar durante horas y en su primer concierto público, en 1778, lo presentó como si fuera más pequeño de lo que era.

Su verdadero maestro fue el organista Christian Gottlob Neefe, que le enseñó El clave bien temperado de Bach y publicó sus primeras obras. A los 14 años Beethoven ya era organista asistente de la corte. Tras la muerte de su madre en 1787, se hizo cargo de sus hermanos menores ante la decadencia de su padre.

Viena

En noviembre de 1792 se trasladó a Viena, donde pasaría el resto de su vida. Su protector, el conde Waldstein, le escribió en su álbum que recibiría «el espíritu de Mozart de manos de Haydn». Estudió con Joseph Haydn y otros maestros, pero se hizo famoso primero como pianista: sus improvisaciones dejaban atónitos a los salones aristocráticos. A diferencia de los músicos anteriores, Beethoven no fue sirviente de nadie: varios nobles le pagaron una renta anual para que se quedara en Viena y compusiera con libertad.

El silencio

Hacia 1798, con menos de 30 años, empezó a notar zumbidos y pérdida de audición. Durante un tiempo lo ocultó por vergüenza. En octubre de 1802, en el pueblo de Heiligenstadt, escribió a sus hermanos una carta desgarradora que nunca envió, el Testamento de Heiligenstadt: confesaba que había pensado en quitarse la vida y que solo su arte lo había detenido.

De esa crisis salió su período más heroico. La Sinfonía n.º 3, Heroica, estaba dedicada a Napoleón. Según su alumno Ferdinand Ries, cuando Beethoven supo que este se había proclamado emperador, exclamó que no era más que un hombre común y tachó la dedicatoria con tanta furia que rasgó el papel. Siguieron la ópera Fidelio, la Quinta Sinfonía, con su célebre motivo de cuatro notas, y la Pastoral, estrenadas ambas en un maratónico concierto el 22 de diciembre de 1808.

Dato curioso: A partir de 1818, ya prácticamente sordo, Beethoven se comunicaba mediante cuadernos de conversación en los que sus visitantes escribían las preguntas. Se conservan unos 140 de ellos.

La Novena

Sus últimos años fueron difíciles: una agotadora disputa judicial por la tutela de su sobrino Karl, problemas de salud y aislamiento. Sin embargo, compuso entonces sus obras más audaces, como la Missa solemnis, las últimas sonatas para piano y los cuartetos de cuerda tardíos.

El 7 de mayo de 1824 se estrenó en Viena la Novena Sinfonía, que por primera vez incorporaba un coro y solistas a una sinfonía, con la Oda a la alegría de Friedrich Schiller. Beethoven compartió el escenario con el director. Al terminar, de espaldas al público, no oía la ovación; según los testimonios, la contralto Caroline Unger lo hizo girar para que viera el teatro aplaudiendo de pie.

Muerte y legado

Murió en Viena el 26 de marzo de 1827, con 56 años, probablemente por una enfermedad hepática. Según la tradición, en sus últimos instantes estalló una tormenta. Miles de personas acompañaron su funeral. Beethoven transformó la figura del compositor en la de un artista libre que expresa su mundo interior, y abrió el camino al romanticismo. Desde 1985 el tema de la Oda a la alegría es el himno oficial de la Unión Europea.

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¿Por qué Beethoven tachó la dedicatoria de la Heroica?