Imperio azteca
La ciudad sobre el lago que asombró a los conquistadores
Desde Tenochtitlan, fundada en un islote del lago de Texcoco, los mexicas dominaron el centro de México hasta la conquista española de 1521.
El águila sobre el nopal
Los mexicas, a quienes llamamos aztecas por su mítica patria de origen, Aztlán, llegaron al valle de México como un pueblo pobre y despreciado. Según su tradición, su dios Huitzilopochtli les ordenó establecerse donde vieran un águila posada sobre un nopal devorando una serpiente. Lo encontraron en un islote pantanoso del lago de Texcoco, donde hacia 1325 fundaron México-Tenochtitlan. Esa imagen es hoy el escudo de la bandera mexicana.
La Triple Alianza
Durante un siglo, los mexicas fueron mercenarios y tributarios de los tepanecas de Azcapotzalco. En 1428, bajo el tlatoani Itzcóatl, se aliaron con Texcoco y Tlacopan, derrotaron a sus amos y formaron la Triple Alianza, que dominó el centro de México. Con Moctezuma I y, sobre todo, con Ahuízotl (1486–1502), el imperio se extendió del golfo de México al Pacífico.
No era un imperio territorial a la manera romana, sino una red de unas 38 provincias tributarias que conservaban sus gobernantes a cambio de enviar a Tenochtitlan maíz, cacao, plumas, algodón, jade y oro, registrados con detalle en documentos como el Códice Mendoza.
Una metrópoli lacustre
A comienzos del siglo XVI, Tenochtitlan tenía probablemente más de 200.000 habitantes, más que cualquier ciudad de la España de entonces. Se unía a tierra firme por grandes calzadas y un acueducto traía agua potable desde Chapultepec. Alrededor se extendían las chinampas, parcelas de cultivo construidas sobre el lago, de enorme productividad. En el centro se alzaba el Templo Mayor, doble pirámide dedicada a Huitzilopochtli y a Tláloc, dios de la lluvia.
Dato curioso: Hernán Cortés escribió al rey Carlos V que en el mercado de Tlatelolco se reunían cada día más de sesenta mil personas comprando y vendiendo. Los soldados que habían visto Roma o Constantinopla decían no haber visto plaza tan grande y ordenada.
Guerra florida y sacrificio
La religión mexica sostenía que el Sol necesitaba sangre humana para seguir su curso. Por eso practicaban sacrificios humanos, sobre todo de cautivos de guerra; las llamadas «guerras floridas» contra Tlaxcala y otros pueblos servían en parte para obtenerlos. El sistema generaba odios profundos entre los pueblos sometidos, que serían decisivos en la conquista.
La caída
En 1519 Hernán Cortés desembarcó en la costa del golfo con unos 500 hombres. Aprovechó el resentimiento contra los mexicas y sumó a miles de aliados indígenas, en especial tlaxcaltecas, y contó con la intérprete Malintzin, la Malinche. Moctezuma II lo recibió en Tenochtitlan en noviembre de 1519 y terminó prisionero. Tras la matanza del Templo Mayor, los mexicas expulsaron a los españoles en la Noche Triste (30 de junio de 1520). Pero una epidemia de viruela diezmó la ciudad. Tras un sitio de casi tres meses, Cuauhtémoc, el último tlatoani, fue capturado el 13 de agosto de 1521.
Sobre las ruinas se construyó la Ciudad de México. El Templo Mayor fue redescubierto en 1978, cuando unos trabajadores eléctricos hallaron el gran monolito de la diosa Coyolxauhqui.
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