Pulpos
Inteligencia alienígena en el fondo del mar
Tienen tres corazones, sangre azul y unos 500 millones de neuronas, la mayoría en sus brazos. Abren frascos, se camuflan en milisegundos y escapan de acuarios.
Un diseño de otro planeta
Los pulpos son moluscos cefalópodos, parientes de los caracoles y las almejas, pero evolucionaron por un camino tan distinto que a veces se los describe como lo más parecido a un extraterrestre en la Tierra. Existen unas 300 especies. Su cuerpo blando no tiene huesos, solo un pico duro parecido al de un loro, de modo que pueden pasar por cualquier agujero más grande que ese pico.
Su anatomía es asombrosa:
- Tres corazones: dos bombean sangre a las branquias y uno al resto del cuerpo.
- Sangre azul, porque transporta oxígeno con hemocianina, una proteína basada en cobre y no en hierro.
- Ocho brazos con cientos de ventosas que pueden saborear lo que tocan.
Un cerebro repartido
El pulpo común (Octopus vulgaris) tiene unos 500 millones de neuronas, una cifra comparable a la de un perro. Lo extraordinario es dónde están: alrededor de dos tercios se encuentran en los brazos. Cada brazo puede explorar, agarrar y decidir movimientos con cierta independencia, incluso separado del cuerpo durante un tiempo. Es una inteligencia descentralizada que no se parece a ninguna otra.
Los experimentos muestran capacidades notables. Los pulpos resuelven laberintos, abren frascos con tapa a rosca desde dentro y reconocen a personas concretas. En 2009 se documentó en Indonesia a pulpos coco que transportaban mitades de cáscara de coco para armarse un refugio portátil, uno de los primeros casos de uso de herramientas en invertebrados.
Dato curioso: en 2016, un pulpo llamado Inky escapó del Acuario Nacional de Nueva Zelanda: salió de su tanque por una rendija, cruzó el suelo y se deslizó por un desagüe de unos 50 metros hasta el mar.
Maestros del disfraz
La piel del pulpo contiene miles de cromatóforos, pequeños sacos de pigmento rodeados de músculos, además de células que reflejan la luz. Controlados por el sistema nervioso, le permiten cambiar de color y patrón en fracciones de segundo. Algunos también alteran la textura de su piel para imitar algas o rocas. El pulpo mimo de Indonesia va más lejos: imita la forma y el movimiento de peces venenosos, serpientes marinas o peces planos según el depredador que lo amenace. Si todo falla, lanza una nube de tinta y huye por propulsión a chorro.
Vidas cortas, madres extremas
Pese a su inteligencia, la mayoría de los pulpos vive apenas uno o dos años. El pulpo gigante del Pacífico (Enteroctopus dofleini), el más grande, suele pesar unos 15 kilos, aunque hay registros que superan los 70. Tras aparearse, la hembra cuida sus huevos sin comer hasta morir. En 2014 se publicó el caso de una hembra de Graneledone boreopacifica observada a 1.400 metros de profundidad frente a California que incubó sus huevos durante 53 meses, el período de incubación más largo conocido en el reino animal.
En 2015 se secuenció el primer genoma de pulpo y se hallaron cientos de genes ligados al sistema nervioso. En 2022, el Reino Unido incluyó a los cefalópodos en su ley de bienestar animal, reconociéndolos como seres capaces de sentir.
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86.000 millones de neuronas y una sola conciencia
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