La mano humana
El instrumento de los instrumentos
Veintisiete huesos, más de treinta músculos y miles de receptores hacen de la mano una herramienta única. El pulgar oponible cambió la historia de nuestra especie.
Ingeniería en miniatura
Cada mano humana tiene 27 huesos:
- 8 carpianos, en la muñeca, dispuestos en dos filas: escafoides, semilunar, piramidal, pisiforme, trapecio, trapezoide, grande y ganchoso.
- 5 metacarpianos, que forman la palma.
- 14 falanges: tres en cada dedo y solo dos en el pulgar.
Las dos manos juntas suman 54 huesos, más de una cuarta parte de todo el esqueleto. Las mueven más de 30 músculos: los más potentes están en el antebrazo y tiran de los dedos mediante largos tendones, como los hilos de una marioneta; los pequeños músculos de la palma ajustan los movimientos finos. Por eso, aunque los dedos no tienen músculos propios, pueden ejercer mucha fuerza.
El pulgar que lo cambió todo
El pulgar oponible puede girar y tocar la punta de cada uno de los otros dedos. Esa capacidad permite dos tipos de agarre: la prensión de fuerza, como al empuñar un martillo, y la pinza de precisión, como al enhebrar una aguja. Las guías médicas de valoración de discapacidad asignan al pulgar alrededor del 40 % de la función de la mano. Muchos primates tienen pulgares oponibles, pero el humano es relativamente más largo y musculoso, lo que permitió fabricar herramientas de piedra cada vez más refinadas hace más de 2,5 millones de años.
Aristóteles llamó a la mano «el instrumento de los instrumentos». En 1833, el cirujano escocés Charles Bell le dedicó un tratado entero, The Hand, maravillado por su diseño.
Un órgano sensorial
La piel lampiña de la palma y los dedos es una de las más sensibles del cuerpo. En 1979, los fisiólogos suecos Roland Johansson y Åke Vallbo calcularon que la piel sin vello de una mano contiene unos 17.000 mecanorreceptores, concentrados sobre todo en las yemas de los dedos. El cerebro dedica a las manos una parte enorme de la corteza: en 1937, el neurocirujano Wilder Penfield dibujó el famoso homúnculo, un mapa del cuerpo según la superficie cerebral asignada, con manos gigantescas.
Dato curioso: las huellas dactilares se forman en el útero entre las semanas 10 y 16 del embarazo y son únicas: ni siquiera los gemelos idénticos las comparten.
Las huellas y la justicia
En 1823 el fisiólogo checo Jan Evangelista Purkyně clasificó por primera vez los patrones de las huellas en nueve tipos. En 1892, el británico Francis Galton demostró científicamente su unicidad. Ese mismo año, en la ciudad argentina de Necochea, ocurrió un caso histórico: Francisca Rojas acusó a un vecino del asesinato de sus dos hijos, pero una huella ensangrentada en una puerta resultó ser suya. Fue identificada con el sistema creado por el policía croata-argentino Juan Vucetich, en la primera resolución de un crimen mediante huellas dactilares en el mundo.
Las manos también fueron la primera firma humana. En la Cueva de las Manos, en la Patagonia argentina, cientos de siluetas fueron pintadas soplando pigmento alrededor de manos apoyadas en la roca; las más antiguas tienen unos 9.000 años. El sitio es Patrimonio de la Humanidad desde 1999. Y el 23 de septiembre de 1998, en Lyon, Francia, un equipo dirigido por Jean-Michel Dubernard realizó el primer trasplante de mano del mundo.
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Aristóteles
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